Por Angela Maria Agudelo
“No queremos seguir siendo objeto de estudio. Los pueblos indígenas somos sujetos políticos de derechos, somos intelectuales”, dice Óscar Montero, integrante de la ONIC. Deja su mochila a un lado, toma dos hilos y empieza a tejer. Intercala la mano derecha con la izquierda y, después de un rato, le pasa el tejido a Dunen Muelas. Ella, investigadora de la Universidad del Rosario, lo toma y le agrega otras fibras de color. “Es importante reflexionar sobre la inclusión y el diálogo de saberes de los pueblos indígenas de la educación superior”, dice.
Ambos, tejedores de corazón e investigadores de profesión, tejieron un lienzo que cubre a todos los pueblos del país. Sobre él, se leen algunas letras y palabras como “educación”, “racismo” e “inclusión”. Dunen Kaneybia Muelas, lideresa arhuaca e integrante de la Universidad del Rosario, y Óscar Montero, líder kankuamo y miembro de la ONIC, son coordinadores de Tejiendo caminos para eliminar el racismo: pueblos indígenas y educación superior en Colombia, una iniciativa para conversar sobre la discriminación que ataca a los miembros de las comunidades indígenas que desean acceder a la educación superior.
Este proyecto es un esfuerzo de la Organización Nacional Indígena, ONIC, en alianza con UR Intercultural, un colectivo de la Universidad del Rosario. Fue uno de los 26 grupos seleccionados por la Cátedra Unesco para proponer acciones contra el racismo en Latinoamérica. Entre los seleccionados, hubo propuestas de Argentina, Brasil y México. A partir de sus experiencias y conocimientos, Dunen y Óscar delimitaron la propuesta e idearon siete encuentros que se desarrollan de manera virtual, desde el 19 de septiembre hasta el 15 de noviembre, en seis sesiones de dos a tres horas.
El único requisito para acceder al programa fue el interés por reflexionar acerca de la discriminación en la educación superior. En este encuentro participan estudiantes, profesores, académicos, organizaciones indígenas y universidades públicas y privadas. Incluso, algunas sesiones han contado con el apoyo de autoridades indígenas o expertos, como el mamu del pueblo arhuaco. Él fue el encargado del primer encuentro y de, en palabras de Dunen, “sembrar una semilla para así avanzar con nuestra propuesta”.
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