Terapia cognitivo-conductual contra algunos de los problemas mentales que acucian a los escolares

Publicado: 14 octubre 2025 a las 4:00 pm

Categorías: Artículos

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Por José Luis Fernández

El aumento de los trastornos emocionales en la población escolar preocupa a docentes, familias y profesionales de la salud. En los últimos años, psicólogos y orientadores escolares han detectado un incremento notable de casos de depresión, ansiedad y trastornos de la conducta alimentaria entre niños y adolescentes.

Factores como la presión académica, la sobreexposición a redes sociales, el aislamiento y los cambios familiares están incidiendo directamente en el bienestar mental de los estudiantes. Lo que antes se consideraba un problema poco frecuente se ha convertido en una realidad diaria dentro de las aulas.

La depresión infantil y adolescente se manifiesta muchas veces en silencio. Los alumnos que la padecen pueden mostrar falta de interés, cansancio permanente o un descenso repentino en su rendimiento escolar. Algunos profesores describen comportamientos de apatía o retraimiento en jóvenes que antes eran participativos.

En casos más graves, la tristeza constante se combina con pensamientos autodestructivos o sentimientos de inutilidad, lo que requiere intervención urgente. La dificultad radica en que los síntomas suelen confundirse con “pereza” o “mal comportamiento”, retrasando el diagnóstico y la atención adecuada.

La ansiedad, por su parte, se ha convertido en uno de los trastornos más extendidos entre los escolares. Los episodios de angustia antes de un examen, el miedo a hablar en público o la sensación de no estar a la altura generan un estrés constante que afecta la concentración, la memoria y el aprendizaje.

Algunos estudiantes desarrollan insomnio o somatizan el malestar en forma de dolores de cabeza o problemas gastrointestinales. Expertos advierten que el entorno competitivo y las altas expectativas pueden potenciar ese malestar, especialmente en edades en las que la identidad y la autoestima aún están en formación.

En el caso de la bulimia, los efectos van más allá del cuerpo y golpean directamente la mente y la convivencia escolar. Este trastorno alimentario, cada vez más presente en adolescentes, se caracteriza por episodios de atracones seguidos de conductas compensatorias como el vómito o el ayuno.

Detrás de esas conductas se esconden sentimientos profundos de inseguridad, miedo al rechazo y necesidad de control. En el aula, la bulimia se traduce en ausencias, bajo rendimiento, irritabilidad o aislamiento social, mientras que fuera del colegio puede derivar en graves consecuencias físicas y psicológicas si no se trata a tiempo.

Los centros educativos se han convertido en un espacio clave para la detección temprana y el acompañamiento emocional. Muchos institutos y colegios ya incorporan programas de educación emocional y cuentan con equipos de orientación para intervenir ante señales de alarma. Sin embargo, los recursos siguen siendo escasos y los profesionales insisten en la necesidad de reforzar la atención psicológica pública, así como la formación docente para identificar los síntomas. La colaboración entre escuela, familia y servicios de salud mental es esencial para prevenir crisis mayores.

En definitiva, la salud mental se ha transformado en un componente fundamental del éxito académico y personal. Un estudiante que arrastra ansiedad o depresión difícilmente puede concentrarse o rendir de manera plena. Los expertos coinciden en que cuidar la mente es tan importante como cuidar el cuerpo, y que el acompañamiento emocional debe integrarse en la educación de forma permanente. Atender a tiempo la depresión, la ansiedad o la bulimia no solo salva vidas, sino que garantiza un desarrollo equilibrado y un futuro con más bienestar para toda la comunidad escolar.

En este contexto, la investigadora de la Universidad de Sevilla, Emma Motrico, ha participado en un estudio internacional publicado en la prestigiosa revista JAMA Psychiatry, que consolida la evidencia científica sobre la eficacia de la terapia cognitivo-conductual (TCC) en el tratamiento de múltiples trastornos mentales en adultos.

El metaanálisis incluye 375 ensayos clínicos aleatorizados con casi de 33.000 pacientes. Los resultados muestran que la TCC ofrece beneficios significativos en trastornos como la depresión mayor, ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo, bulimia y, especialmente, en el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y las fobias específicas, donde se observaron los efectos terapéuticos más potentes.

La Universidad de Sevilla ha tenido un papel destacado en el diseño metodológico y la validación de los datos, aportando su experiencia en psicología clínica y en metaanálisis. Su contribución ha sido clave para garantizar la calidad del proceso de revisión y análisis, en un trabajo colaborativo que ha involucrado a expertos de múltiples países.

Además de demostrar la eficacia de la TCC en múltiples diagnósticos, el estudio aporta claridad sobre su grado de efectividad según el tipo de trastorno y el grupo de comparación, lo que ayudará a los profesionales clínicos a tomar decisiones más informadas. También resalta la necesidad de seguir investigando en áreas donde la evidencia aún es limitada, como en los trastornos psicóticos o bipolares.

Desde la Universidad de Sevilla se subraya que este tipo de investigaciones no solo contribuyen al avance científico, sino que también tienen un impacto directo en la práctica clínica y en las políticas de salud pública, al favorecer tratamientos psicológicos basados en evidencia. El trabajo demuestra que invertir en ciencia aplicada al bienestar psicológico es una vía estratégica para responder a los crecientes desafíos en salud mental.

Fuente: https://exitoeducativo.net/verifican-la-eficacia-de-la-terapia-cognitivo-conductual-contra-algunos-de-los-problemas-mentales-que-acucian-a-los-escolares/