Tan cerca y tan lejos: colaboración académica y científica entre México y Estados Unidos

Publicado: 13 julio 2024 a las 8:00 pm

Categorías: Ciencia

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Carlos Iván Moreno y Miguel Sigala

El perfil científico de la presidenta electa Claudia Sheinbaum levanta expectativas para mejorar la cooperación académica internacional de México. Especialmente con Estados Unidos: nuestra principal relación internacional. México y Estados Unidos son sumamente dependientes uno del otro en varios ámbitos como la economía, la migración, y la seguridad. Sin embargo, no existe interdependencia en el ámbito de la cooperación científica y universitaria; más bien, tenemos una interacción asimétrica que nos mantiene como vecinos distantes. Una mayor cooperación puede traer más oportunidades educativas de calidad para los estudiantes mexicanos de nivel superior, así como favorecer el entendimiento cultural mutuo y la solución de problemas comunes. Las naciones emergentes más exitosas han creado lazos sustanciales de colaboración científica. La integración de una “zona norte del conocimiento” para el desarrollo compartido es viable, pero sólo si pasa de ser un enunciado propagandístico a una serie de políticas públicas.

El diagnóstico

La ausencia de una interdependencia académica y científica con Estados Unidos no debería tomarse con tanta normalidad. Hay razones estructurales que podrían o deberían detonarla. Ambos países son principales socios comerciales y sus intercambios no han hecho más que incrementarse en los años recientes marcados por crisis globales. En cuatro años —de 2020 a 2024— México se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos desplazando a China por un margen importante. De igual manera, la migración podría ser otro factor que impulse la interdependencia académica y científica en Norteamérica. Ambos países son el principal destino de la diáspora del otro. La lista de potenciales razones podría extenderse a otros indicadores que denotan la interdependencia entre México y Estados Unidos en temas como turismo, inversiones, energía, combate al crimen organizado, salud pública y medioambiente. Sin embargo, la cooperación científica y académica está lejos de tener el mismo estatus en los asuntos bilaterales.

México no figura entre los principales países que envían estudiantes a las universidades estadunidenses. La matrícula de estudiantes internacionales en Estados Unidos la dominan, y por mucho, sólo dos países. En 2023, Estados Unidos recibió a poco más de 1 millón de estudiantes del exterior, de los cuales un 27 % provenían de China y un 25 % de India. Muy atrás se encuentra México con apenas 1.4 %. Evidentemente, la comparación con estas dos potencias asiáticas no resulta práctica debido al sesgo que producen sus altos números poblacionales. Sin embargo, la comparación resulta válida en otros casos. Llama la atención que la presencia de estudiantes mexicanos sea menor a la de países que presumiblemente tienen interdependencias menos intensas con Estados Unidos, como Arabia Saudita, Corea del Sur, Japón, Nepal, Nigeria, Taiwán, Vietnam, y Brasil. Aún más, el otro socio norteamericano relevante, Canadá, envía casi el doble de estudiantes que México. En todo caso, el dato duro es que México envía apenas 14 000 estudiantes a universidades estadunidenses, de los cuales apenas 4000 están en un posgrado. Corea del Sur, por su parte, tiene a más de 15 000 estudiantes de posgrado en Estados Unidos.

Gráfico 1. Origen y destino de estudiantes internacionales en Estados Unidos (2021-2022)

Fuente: Elaboración propia con información de OpenDoors (2023)

Cuando los estadunidenses buscan destinos educativos globales, rara vez eligen a México. Resulta contrastante que nuestro país reciba al 41 % del turismo de Estados Unidos que viaja al exterior (33 millones), pero tan sólo reciba al 1.5 % de sus estudiantes que realizan una estancia educativa (2832). Los principales receptores de estudiantes estadunidenses son Italia (16.2 %), Reino Unido (14.6 %), y España (13.4 %). Ciertamente, Europa resulta más “exótico” y atractivo para los estudiantes del continente americano, pero algo puede hacerse al respecto. Es revelador que Costa Rica reciba más estudiantes estadunidenses que México (un 2.5 %). Los números del país centroamericano sugieren que México tiene mayor potencial para atraer un mayor número de estudiantes estadunidenses, con los incentivos adecuados.

El otro indicador relevante de la cooperación científica entre dos naciones son las publicaciones conjuntas. Como se apuntó, México es el primer socio comercial de Estados Unidos, pero está lejos de ser uno de los socios científicos más relevantes. China encabeza la lista de las publicaciones en colaboración internacional que realizan los académicos estadunidenses con el 24 % (alrededor de 58 000). Enseguida aparecen los dos países con mayor cercanía histórica y cultural con el vecino del norte: Reino Unido y Canadá, con 14 % y 12 % de las publicaciones en colaboración internacional, respectivamente; Alemania con 11 %, e Italia con 7 %, completan la lista de sus cinco principales socios científicos. México apenas representa el 2 % —alrededor de 5000— de las publicaciones en colaboración internacional que realizan los estadunidenses, detrás de India con 6 % y de Brasil con 4 %.

En esta relación científica asimétrica, México tiene poca relevancia para Estados Unidos, pero Estados Unidos tiene gran relevancia para México. Mientras nuestro país sólo representa el 2 % de las publicaciones en colaboración internacional que realizan los estadunidenses, el vecino constituye un 40 % de las publicaciones en colaboración internacional que realizan los académicos mexicanos. Nuestra relación científica con otros países es importante, pero exhibe una brecha porcentual considerable respecto a Estados Unidos: con Reino Unido realizamos un 13 % de las publicaciones en colaboración internacional, con Francia y Alemania el 11 %, y con España un 10 %. Asimismo, la movilidad de estudiantes mexicanos de nivel superior se dirige mayormente a Estados Unidos. Aproximadamente el 40 % se dirige al vecino, mientras que el 48 % restante se distribuye entre Canadá y los países de Europa occidental, y un 6 % hacia América Latina y el Caribe.

Razones de una relación débil y asimétrica

La asimetría, que sin duda reduce la importancia estratégica de México para Estados Unidos, se debe a varias razones. El proyecto de integración comercial de América del Norte que inició con el TLCAN, ahora T-MEC, nunca ha considerado a la ciencia y educación como componentes esenciales. Según Philip Altbach, experto en educación internacional, en esta región no se incluyeron dimensiones educativas o culturales. La Unión Europea, por su parte, posicionó a la educación y la cultura como elementos fundamentales de su visión e implementó iniciativas como el Proceso de Bolonia y el Programa Erasmus, para fomentar una identidad europea y apuntalar el mercado común. En contraste, la integración regional en Norteamérica no ha contemplado un ambicioso esquema de educación superior. De manera simplificada, la principal función de México en su dinámica laboral con Estados Unidos es la de proveedor de trabajo poco calificado. Como lo apuntó Hazel Blackmore, directora ejecutiva de la Comisión México-Estados Unidos para el Intercambio Educativo y Cultural (COMEXUS): “Estos años [de integración comercial], y el acuerdo, generaron un afianzamiento de las cadenas de producción binacionales y regionales. Desafortunadamente, la cooperación académica no ha estado del todo en sintonía con esta tendencia”.

La ausencia del tema académico en la integración comercial norteamericana es una parte de la explicación del problema. En términos estratégico-militares, México no ha entrado en los intereses de Estados Unidos de forjar alianzas científicas, como ha sucedido con Europa occidental y Canadá. Además, las diferencias y prejuicios culturales han sido un obstáculo perenne. Philip Altbach y Mario Ojeda lo señalaban a inicios de la década de los noventa, “la cooperación educativa entre México y Estados Unidos dependen del conocimiento y entendimiento mutuo”. Este lastre se sigue observando en la retórica nacionalista y xenófoba que han empleado gobiernos recientes en ambos países. Asimismo, el rezago científico de México es un obstáculo para detonar las colaboraciones internacionales, el peso económico del país no corresponde con su estatura en el escenario científico global. Somos la decimocuarta economía mundial, pero el lugar 23 en producción de artículos científicos.

A nivel Latinoamérica somos el segundo productor de artículos científicos, detrás de Brasil, pero nuestra inversión en ciencia y tecnología como porcentaje del PIB (0.31 %), es menor a la de Chile (0.35 %), Argentina (0.4 %), Cuba (0.5 %), y Brasil (1.3 %); aún más, tenemos menores proporciones de investigadores y publicaciones por habitante que Argentina o Brasil,

Gráfico 2. Investigadores por millón de habitantes, 2021

Nota: para Canadá, Estados Unidos y Chile la fecha de corte es el 2020, mientras que para Brasil es el 2014.Fuente: Elaboración propia con información de Banco Mundial (2022)

Una de las principales limitaciones es la poca visibilidad internacional de las universidades mexicanas. A pesar de las críticas que pueden suscitar los métodos de clasificación de los rankings globales, el QS revela que 35 de las 100 mejores universidades se encuentran en Europa; en México, sólo una. Esta situación resalta la necesidad de mejorar las capacidades de las universidades mexicanas —y de la región — puesto que la falta de prestigio limita significativamente las oportunidades de cooperación, especialmente con universidades estadunidenses que buscan socios académicos de alto perfil y reconocidos globalmente.

Gráfico 3. Universidades en el Top 100 del “QS World University Rankings 2025”

Nota: El total es de 101 universidades debido a que dos universidades obtuvieron una calificación idéntica.Fuente: Elaboración propia con información de QS World University Rankings 2025.

La barrera del idioma es otra de las causas de la escasa cooperación. Según el Índice de dominio del inglés 2023, México ocupa el penoso lugar 89 de 113 países evaluados —con 451 puntos de 600— no obstante ser uno de los socios comerciales más importantes de Estados Unidos y una de las potencias de la región. Nos encontramos por debajo de países como Malasia, Honduras, Cuba, Venezuela o Brasil. El problema no es sólo de los mexicanos, los estadunidenses tampoco hablan español. En Estados Unidos sólo un 13.3% de la población habla español; en la población mayor a 18 años la cifra es menor, con apenas 9.8 %. Por otro lado, diversas instituciones europeas han optado por fortalecer la oferta académica de programas en inglés, estrategia clave para atraer a estudiantes internacionales, mientras que en México dicha oferta es casi inexistente.

Gráfico 4. Dominio de inglés de acuerdo a su posición en el English Proficiency Index 2023, países seleccionados

Fuente: Elaboración propia con información del English Proficiency Index 2023.

Momento clave para impulsar la cooperación

En años recientes, una serie de fenómenos globales muestran la necesidad de fortalecer los lazos entre los países de América del Norte. La rivalidad de Estados Unidos con China y Rusia ha crecido y la globalización cede cada vez más terreno al fortalecimiento de los bloques regionales. La pandemia de covid-19 y la crisis de la cadena de suministros de 2021 motivó que Washington replanteara la localización de la producción de componentes esenciales para el funcionamiento de su economía, y para la preservación de su seguridad nacional. Desde mediados de 2021, la administración del presidente Joe Biden ha promovido la construcción de cadenas de suministros resilientes mediante un enfoque que privilegia estrategias basadas en los llamados nearshoringallyshoring y friendshoring. Como sus nombres lo sugieren, dentro de estos conceptos caen países como Japón y Corea del Sur, la mayoría de los miembros de la Unión Europea, los países de la Anglosfera y varios países del hemisferio Occidental. México es una opción inigualable para estas nuevas estrategias debido a la profunda interdependencia e integración que existe entre ambas naciones.

Algunos resultados de estas tendencias ya son observables. Por ejemplo: la industria de los chips y semiconductores fue declarada por la Casa Blanca como esencial para las cadenas de suministro y el Congreso de Estados Unidos promulgó, a la postre, la Chips Act para apoyar la industria. El tema ha pasado al plano bilateral formando parte de las agendas de trabajo de la Cumbre de Líderes de América del Norte y del Diálogo Económico de Alto Nivel. Además, se están implementado varias iniciativas de carácter binacional para formar capital humano en el campo de los semiconductores. Por ejemplo, en noviembre de 2022, la Embajada de México en Estados Unidos y la Arizona State University firmaron un convenio para impulsar la formación de fuerza de trabajo en semiconductores en México. Desde entonces, varios proyectos han surgido: cursos de inglés técnico, programas para profesores y capacitaciones para la industria, en los que han sido instrumentales diversas instituciones como las secretarías de Relaciones Exteriores, Economía, y Educación Pública, el Tecnológico Nacional de México, la Universidad de Guadalajara, la Universidad Autónoma de Baja California, y los gobiernos de Baja California y Sonora. Sin embargo, para que iniciativas académicas trascendentes, como las que son producto de la fiebre del nearshoring y los semiconductores, no terminen en un evento contingente o un simple destello, México y Estados Unidos deben trabajar bases sólidas para una cooperación académica y científica robusta, duradera y que contribuya al crecimiento mutuo. A continuación, algunas ideas.

Recomendaciones de política

Repensar modelos de gobernanza

La falta de cooperación académica y científica entre Estados Unidos y México es, en parte, una consecuencia de sus opuestos modelos de gobernanza en la educación superior. En Estados Unidos, es radicalmente descentralizada, dependiendo en gran medida de fuentes de financiamiento privadas (matrículas). En contraste, en México, las universidades públicas (con el 65 % del total de estudiantes) dependen principalmente del gobierno federal para su financiamiento.

Aumentar la colaboración implica, por un lado, que el gobierno federal de Estados Unidos invierta más recursos para incentivar a sus universidades a cooperar más con sus contrapartes del sur, lo que puede incluir cubrir parte de los costos de matrícula para las universidades que reciban a estudiantes mexicanos. Por otro lado, las universidades mexicanas deben renovar radicalmente su oferta académica, enfocándose en una mayor oferta de programas cortos y ofreciendo programas académicos completos en inglés (tal como lo están haciendo cada vez más Francia, Alemania, España, e incluso China).

Impulsar historias de éxito en la resolución de problemas

La política pública se trata de resolver problemas y mostrar resultados concretos. Si la cooperación académica y científica entre Estados Unidos y México se va a revitalizar, debe enmarcarse en términos de beneficios mutuos y concretos, no sólo como imperativos morales deseables y “agradables” —es decir, cooperación por el simple hecho de cooperar. Las historias de éxito en la resolución de problemas deben ser identificadas y destacadas al más alto nivel en temas como el cambio climático, la seguridad, el desarrollo urbano, la producción de energía limpia. Existen iniciativas académicas y científicas individuales y específicas entre universidades. Los responsables de la formulación de políticas deben encontrarlas, hacerlas ejemplares y replicarlas.

Una nueva narrativa sobre el destino común

Es necesario construir una narrativa nueva y audaz frente a la necesidad de desarrollar una colaboración académica y científica más estructurada para fortalecer la economía, la seguridad y el bienestar de las poblaciones en ambos lados de la frontera. Así como un famoso informe educativo de la presidencia de Ronald Reagan, en 1983, advertía sobre una “Nación en Riesgo”, nuestros líderes deben entender que toda nuestra región está en riesgo a menos que fortalezcamos nuestro desarrollo mutuo. Los políticos y los ciudadanos deben trascender narrativas nacionalistas y de “vecindad” basadas en la idea de la soberanía, para generar nuevos relatos sobre la interdependencia que caracteriza las relaciones México-Estados Unidos, en donde la colaboración académica y científica lleva a generar un “conocimiento compartido” para el beneficio mutuo. Esto no es nuevo. Un llamado similar fue hecho por la Asociación de Universidad Públicas Land-Grant en su reunión de Guadalajara de 2018. Este sentido de urgencia, promovido por universidades en México, Estados Unidos y Canadá, debe ser compartido por políticos y responsables de políticas por igual.

¿Hacia una zona norte del conocimiento?

La elección de Claudia Sheinbaum como próxima presidenta de México abre una miríada de posibilidades para relanzar la relación bilateral en términos académicos y científicos. El ser una académica y científica de prestigio, y haber realizado su tesis doctoral en la Universidad de California, Berkeley, le otorga experiencia de primera mano para conocer la relevancia de la colaboración internacional para el desarrollo científico, así como el carácter global del conocimiento. De hecho, la presidenta electa ya mandó mensajes alentadores, tales como el anuncio de que el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación (Conahcyt) se elevará a rango de Secretaría de Estado, y estará a cargo de una académica abierta al diálogo y con visión global: Rosaura Ruiz.

Asimismo, otro mensaje alentador es el anuncio de que al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores estará Juan Ramón de la Fuente, quien entre otros cargos relevantes fue rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Lo anterior, sin duda, debe reflejarse en políticas concretas y negociaciones audaces con el gobierno norteamericano para persuadir de que la auténtica integración regional pasa por la educación, la ciencia y la cultura. Sobre todo, pasa por cambiar la “narrativa” y el relato sobre la importancia de la relación bilateral. Pasar de la desconfianza al beneficio mutuo, de la sospecha a la colaboración abierta y franca.

Y es en ese último elemento, el de cambiar la narrativa de la desconfianza, donde radica el principal riesgo para el relanzamiento de la relación bilateral ante la eventual, y cada vez más probable, elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Ante ese escenario, será difícil establecer prioridades que no sean la seguridad y el control de la migración. Persuadir a un presidente populista y xenófobo del valor de la colaboración científica, el intercambio académico y la integración de una “zona norte del conocimiento” pondrá a prueba las capacidades de negociación, y la paciencia, de la presidenta de México y de parte de su gabinete. El reto es crear un nuevo relato: el de que una genuina integración de América del Norte pasa por la reducción de asimetrías y de la desigualdad entre los tres países. Para ello, una mayor colaboración académica, científica y cultural es requisito indispensable. No será tarea fácil, pero valdrá toda la pena intentarlo. De no hacerlo, y parafraseando a Reagan, tendremos toda una “región en riesgo”.

Ilustración: Víctor Solís

Carlos Iván Moreno
Profesor de políticas públicas y educación superior de la Universidad de Guadalajara

Miguel Sigala
Profesor del Centro de Estudios sobre América del Norte de la Universidad de Guadalajara

Fuente:

Tan cerca y tan lejos: colaboración académica y científica entre México y Estados Unidos