Publicado: 22 septiembre 2025 a las 8:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Gontzal Uriarte

Cada día, en muchas escuelas, algunas niñas y niños son retirados de su aula para recibir “apoyo especializado”. La intención es buena, pero la pregunta clave es: ¿favorece esto la inclusión?
Las recomendaciones internacionales, la legislación española y la investigación coinciden en que la inclusión se construye dentro del aula, no apartando al alumnado. El profesor Mel Ainscow, referente mundial, lo resume así:
«La inclusión no trata de cambiar al alumnado para que encajen en las escuelas, sino de cambiar las escuelas para que lleguen a todo el alumnado.»
Las revisiones internacionales son claras. El informe de Hehir et al. (2016) mostró que el alumnado con discapacidad obtiene mejores resultados académicos y sociales en entornos inclusivos, y que no hay perjuicio para sus compañeros y compañeras.
El metaanálisis de Krämer et al. (2021) confirmó efectos positivos en logros cognitivos y psicosociales, mientras que Sermier-Dessemontet & Bless (2012) comprobaron que niños y niñas con discapacidad intelectual progresan más en lectoescritura en aulas inclusivas.
En resumen: la inclusión no solo funciona, sino que mejora los resultados académicos para todos y todas.
La investigación también alerta de los riesgos de la retirada sistemática. Los niños y niñas separados del aula pueden experimentar estigmatización, soledad y baja autoestima. El concepto de sentido de pertenencia escolar es clave: sentirse aceptado predice éxito académico y bienestar; perder dicho sentido de pertenencia, en cambio, se asocia con ansiedad, depresión y abandono.
Apartar con frecuencia, aunque sea con buena intención, envía un mensaje implícito: «no puedes seguir el ritmo de los demás».
El proyecto europeo INCLUD-ED (2006–2011) identificó las actuaciones educativas de éxito (AEE), replicadas en las Comunidades de Aprendizaje. Entre ellas están los grupos interactivos, las tertulias dialógicas, la participación educativa de las familias y la biblioteca tutorizada. La investigación demuestra que estas prácticas mejoran el rendimiento y la convivencia sin necesidad de retirar al alumnado del aula. El enfoque inclusivo que funciona se centra en intensificar las relaciones positivas y las interacciones dirigidas al aprendizaje para que todo el alumnado aprenda. En el caso de la biblioteca tutorizada, se puede extender el aprendizaje y el alumnado puede recibir una atención personalizada.
He podido ver con mis propios ojos cómo alumnado que salía fuera de clase o que incluso era atendido dentro de clase pero con unas expectativas muchísimo menores avanzaba mucho más cuando las clases se organizaban de tal manera que todo el mundo podía participar y realizar las actividades con la ayuda de sus compañeros y compañeras en la medida de sus posibilidades.
La pregunta ya no es si la inclusión funciona, sino cuándo dejaremos de apartar a niños y niñas del aula y haremos realidad el derecho a aprender juntos. Atacar a las escuelas y proyectos que están demostrando mejoras para todo el alumnado es atentar contra los derechos de la infancia. Animamos a los maestros y maestras que creen que la inclusión no funciona a formarse para replantear profundamente cómo entienden y organizan su aula para conseguir los objetivos que la sociedad está exigiendo a las escuelas.
Fuente: https://periodicoeducacion.info/2025/09/22/sacar-del-aula-no-es-inclusion/
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