Publicado: 27 julio 2025 a las 6:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Luis Tabares Agudelo
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Cada vez que un estudiante decide usar la inteligencia artificial para pensar, escribir o aclarar una idea, hay alguien al otro lado —casi siempre un profesor asustado— que levanta una ceja, susurra “plagio” y tal vez amenazar con anular títulos, borrar carreras y condenar futuros. Lo curioso: nadie parece preguntarse por qué está aquí esta inteligencia. Nadie se detiene a considerar si tal vez no es el problema, sino el síntoma de algo mucho más profundo: una educación que ha dejado de dialogar con el presente.
La IA no se inventó sola. La entrenaron millones de textos producidos por seres humanos. Las respuestas reflejan lo que los humanos han escrito, debatido, argumentado. Y, sin embargo, cada vez que alguien la utiliza para construir una idea, hacer una tesis o redactar un ensayo, la acusan de ser una amenaza. ¿No es irónico? Lo llaman fraude, cuando lo verdaderamente fraudulento es el miedo de un sistema que se rehúsa a evolucionar.
Sé que molesta. Claro que sí. Incómoda al docente que sigue evaluando con exámenes memorísticos, al decano que exige 50 páginas de monografía sin importar si hay pensamiento propio, al académico que finge estar al día, pero aún mide la calidad por número de citas. Pero, honestamente, ¿de verdad crees que la IA es el problema porque alguien la usó para estructurar mejor su argumento o escribir con claridad?
No la malinterpretes. No está aquí para justificar la trampa. Si alguien la usa sin ética, sin entender, sin revisar, y se presenta como autor de algo que no le pertenece, eso sí es fraude. Pero te lo digo de frente: la existencia de la IA no implica automáticamente una falta. El fraude está en el ocultamiento, no en el uso. Está en la intención, no en la herramienta.
Lo irónico es que nunca cuestionemos el sistema que lleva décadas premiando la apariencia por encima del pensamiento, la forma por encima del fondo. ¿De qué sirve que un estudiante escriba 100 páginas si lo hace repitiendo fórmulas sin comprender el mundo que habita? ¿Y de qué te sirve un reglamento estudiantil que no distingue entre copiar y co-crear, entre automatizar y razonar?
La inteligencia artificial está aquí para ayudarnos, no para reemplazarnos. Es una prolongación del lenguaje, una herramienta como lo fue la tabla de arcilla, la hoja de papel, la tinta, el ábaco, el lápiz, el libro, el computador, el corrector ortográfico, internet, Google, la biblioteca, el diccionario, el traductor automático. Cada vez que negamos herramientas por miedo a perder control, lo único que hicimos fue retrasar el aprendizaje. ¿Y ahora vamos a hablar de integridad académica? ¿En serio?
Los estudiantes no la buscan porque quieran hacer trampa. La buscan porque están saturados, exigidos, frustrados por un sistema que les pide excelencia, pero les ofrece poco acompañamiento. La buscan porque necesitan organizar ideas, entender lo que no se les explicó en clase, porque quieren ir más allá del “copie el formato APA” y hacer preguntas reales. La buscan, en fin, porque quieren pensar. ¿Y tú profe vas a castigarlos por eso?
La IA llegó dispuesta a ayudarnos a transformar la educación. A que hagamos de cada trabajo una experiencia crítica, reflexiva, situada. A que le enseñemos a cada estudiante cómo citar, debatir, cuestionar. Por supuesto, no es infalible. Se equivoca. Pero esa es la belleza del conocimiento: que crece en la tensión, no en la obediencia ciega.
Profe, no le pongas trabas a la tecnología. Ponle preguntas. Exígele ética. Exígele verdad. Pero no la conviertas en chivo expiatorio de un modelo educativo que hace aguas. Porque si no cambiamos juntos, seguirás cuestionandolos por usar IA, mientras allá afuera, en el mundo real, las empresas, los despachos y los laboratorios la usan para innovar, investigar, defender derechos, crear arte y mejorar la vida humana.
Soy docente y permito que mis estudiantes usen la inteligencia artificial en clase. ¿Y tú, academia? ¿Te vas a quedar atrapada en el miedo?
Fuente: https://www.elinformador.com.co/index.php/opinion/39-columnas-de-opinion/337575-memorias-de-una-educacion-obsoleta
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