Publicado: 8 octubre 2025 a las 4:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Lucía y Rosma Yagüe Mayans

Imagen elaborada con ayuda de la IA.
Hoy en día, los docentes nos encontramos con un reto que va más allá de los contenidos curriculares: muchos alumnos llegan a nuestro centro sin las habilidades necesarias para reparar la relación con un compañero al que han hecho daño. Ya sea de manera intencionada o accidental, los conflictos forman parte de la vida escolar, y aprender a disculparse se convierte en una competencia fundamental para la convivencia.
Algunos profesores piensan que parte del alumnado no muestra interés por aprender a disculparse. Sin embargo, enseñarles a pedir perdón ahora, aunque no lo utilicen de forma inmediata, favorecerá que lo hagan en el futuro.
La neurociencia respalda esta idea. El desarrollo del lóbulo prefrontal —responsable del autocontrol, la toma de decisiones y la conexión entre acciones y consecuencias— se desarrolla hasta bien entrada la juventud. Esto significa que los aprendizajes que ofrecemos hoy pueden no aflorar hasta más adelante, pero quedarán grabados como referencias valiosas.
Muchos de nosotros recordamos consejos que, en la adolescencia, parecían caer en saco roto y que, años después, se revelaron como guías importantes. Eso mismo ocurre cuando enseñamos a los alumnos a disculparse: estamos dotándolos de un recurso que madurará con ellos.
A la hora de pedir perdón no funciona cualquier disculpa. Un “perdona si te molestó” no tiene el mismo impacto que una disculpa estructurada, que transmita voluntad de reparar el daño. En realidad, una disculpa efectiva debe incluir tres elementos: el reconocimiento del error, la asunción de la responsabilidad y una propuesta de reparación.
Para los alumnos más jóvenes, un marco claro puede marcar la diferencia. Darles unos pasos concretos facilita que interioricen cómo hacerlo para cuando lo necesiten. Estos tres pasos, que pueden enseñarse en clase, son:
Presentar la disculpa sin alguna de estas partes hace que pierda eficacia.
Para enseñarlo en el aula, una sesión breve, de unos 20 minutos, puede ser suficiente:
Enseñar a disculparse no elimina los conflictos, pero sí proporciona a los alumnos y alumnas una herramienta poderosa para afrontarlos de forma constructiva. Aunque no siempre veamos resultados inmediatos, cada disculpa bien guiada fortalece su empatía y su relación con los demás.
Al fin y al cabo, estamos, no solo estamos formando alumnos, sino futuros adultos capaces de reparar vínculos y construir relaciones más humanas.
Por Rosa Mª y Lucía Yagüe Mayans, docentes de Secundaria y Bachillerato del Colegio Las Colinas School.
Fuente: https://exitoeducativo.net/ensenar-a-pedir-perdon-una-herramienta-esencial/
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