Publicado: 22 noviembre 2020 a las 1:00 pm
Categorías: Arte y cultura
Por Alejandro González Andrade
En la actualidad, los niños están inmersos en un entorno digital muy distinto de aquel en el que la mayoría de los adultos nos criamos.
Los juegos que nosotros practicábamos se han visto sustituidos, en muchos casos, por su representación en una pantalla.
Entre 2001 y 2012 las nuevas generaciones consumieron menos tiempo delante del televisor que sus predecesoras, pero, paralelamente, dedicaron más tiempo al uso de teléfonos y tabletas digitales, según indican algunos estudios como el de Loprinzi y Davis (2016).
Esto requiere un debate abierto en la sociedad, pero mientras éste tiene lugar, padres y profesionales de la educación necesitan información de calidad con la que afrontar esta nueva realidad. Este breve documento pretende arrojar algo de luz sobre las evidencias científicas acumuladas al respecto.
Los teléfonos móviles y tabletas digitales han supuesto un cambio radical en lo que cualquiera de nosotros podemos hacer independientemente del lugar en el que nos encontremos: localizar con exactitud una dirección, consultar cualquier información y escribir o llamar a cualquier persona conocida representan una ampliación exponencial de las posibilidades de acceso a la información y comunicación tradicionales.
Pero, como cualquier nueva herramienta, deben comenzar a dibujarse los límites que separan el buen del mal uso. Y, aunque la respuesta es compleja, la ciencia señala que determinados factores como la edad del niño, el momento del día en que interacciona con las pantallas, el contenido que consume y el tiempo de uso son especialmente importantes.
Como afirma la investigadora Domingues-Montanari en su artículo de revisión (2016), en la actualidad, existe un consenso general sobre el impacto negativo del exceso de uso de pantallas digitales en los niños. A pesar de ello, números estudios nos indican que hasta dos tercios de los niños pasan más tiempo delante de pantallas del recomendable.
Por ejemplo, la mayoría de los niños menores de 2 años usan a diario este tipo de dispositivos, ocupando un tiempo que, posiblemente, debería dedicarse a la interacción con un adulto. En los niños de esa edad existe una fuerte necesidad de realizar actividades de exploración manual y de interacción social con sus cuidadores, lo que les ayuda en el desarrollo de su cognición, su lenguaje, su motricidad y sus habilidades socioemocionales.
Diversas investigaciones revelan que los niños más pequeños no pueden aprender de los medios digitales como lo harían de la interacción con sus cuidadores. De hecho, los estudios denominan a este fenómeno déficit del video, que consiste en una dificultad en aprender a partir de representaciones grabadas y transferirlas al mundo real, observadas en niños menores de 30 meses.
Por ejemplo, un estudio que evaluaba la capacidad para aprender palabras nuevas de niños de diferentes edades a través pantallas digitales hallaba que, a los 15 meses de edad, los niños podían aprender palabras nuevas de determinadas aplicaciones para pantallas táctiles, con un cuidado diseño educativo, pero tenían problemas para transferir este conocimiento al mundo real.

Estos resultados han sido atribuidos a la falta de pensamiento simbólico en los niños más pequeños, una habilidad necesaria para trasladar lo aprendido en una pantalla digital al mundo real, por lo que hace que la interacción con los adultos siga siendo crucial para lograr un aprendizaje efectivo.
Un inconveniente adicional, que señalan varios estudios que han revisado aplicaciones comerciales, es que pocas de ellas están disponibles comercialmente como educativas o están basadas en estudios empíricos, y, además, no están diseñadas para ser utilizadas de manera interactiva con un adulto a pesar de que esa interacción mejoraría el aprendizaje.
Numerosos estudios señalan que el uso excesivo estos medios digitales se ha asociado también a un mayor retraso a nivel cognitivo en funciones ejecutivas, del lenguaje, de desarrollo socioemocional o de la teoría de la mente, posiblemente porque ese tiempo que el niño pasa con este tipo de dispositivos es restado a la interacción con la figura de apego, tan necesaria en los más pequeños. Y un elevado uso de medios digitales se ha relacionado con mayor obesidad y riesgo cardiovascular hasta el punto de que, por ejemplo, ver la televisión entre 1 y 3 horas al día incrementa entre un 10-27% el riesgo de obesidad.
Otro hallazgo relevante sobre el uso de pantallas y medios digitales es su efecto negativo en el sueño. Así, el incremento de la exposición o la presencia de pantallas, ordenadores o móviles en el dormitorio se ha relacionado con menor tiempo de sueño. Por ejemplo, en niños de 6 a 12 meses que eran expuestos a pantallas durante las últimas horas de la tarde, mostraban significativamente menor duración del sueño que los que no eran expuestos. Algunos estudios han encontrado que la luz azul emitida por este tipo de dispositivos tendría un efecto supresor sobre la liberación de melatonina endógena, lo que podría afectar a la regulación de los ritmos circadianos. Y un sueño de calidad es vital para un adecuado desarrollo cognitivo y emocional.
Un último aspecto relevante tiene que ver con la salud ocular. El número de personas que desarrolla miopía en los EE. UU. se ha duplicado desde 1971; y en Asia, el porcentaje de jóvenes y adolescentes con este defecto de la visión ha pasado del 10-20% al 90% en 60 años. Este incremento ha sido tan elevado que la revista Science lo titulaba en 2015 como The myopia boom.
Aunque los mecanismos responsables de este incremento sólo están comenzando a ser entendidos, parece haber un importante efecto relacionado con el trabajo de cerca, no solamente con el uso de pantallas, sino con todas las actividades que actualmente realizamos a distancias cortas y con luz artificial. De hecho, cada vez más estudios encuentran que realizar actividades al aire libre tiene un importante efecto protector sobre el desarrollo posterior de miopía pues parece que la luz natural sería beneficiosa.

Cuando se exponen todos estos hallazgos sobre el uso de las pantallas y medios digitales a menudo se cae en el extremo de estigmatizar su uso general, pero lo verdaderamente necesario es que padres y cuidadores regulen su uso. Toda esta tecnología, unida al acceso a internet cada vez más extendido, posibilita el acceso a la información a millones de personas que de otro modo no lo conseguirían.En la situación de pandemia actual, está permitiendo que millones de personas continúen sus estudios y sus trabajos, y mantengan sus relaciones sociales y familiares de una forma impensable hace sólo 10 años. Cómo decíamos al inicio, es necesario distinguir el buen del mal uso.
En este sentido, la Asociación Americana de Pediatría y la Organización Mundial de Salud han elaborado sendas guías para padres y profesionales con recomendaciones de uso de estos dispositivos digitales en función de la edad de los niños. A continuación, presentamos algunas de sus principales conclusiones:
Referencias
Fuente:
https://www.unir.net/educacion/revista/uso-pantallas-ninos/
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