Publicado: 12 abril 2025 a las 6:00 pm
Categorías: Artículos
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Por: Merlin Patricia Grueso

Merlín Patricia Grueso, profesora de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario.
Para nadie es un secreto que la sociedad a nivel global enfrenta grandes desafíos en términos económicos, culturales, demográficos y también educativos. Pese a que la Agenda 2030 se concibió como el plan global para “no dejar a nadie atrás”, lo cierto es que, a cinco años de su finalización, aún hay muchas tareas para desarrollar.
En el ámbito de la educación y particularmente respecto del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, “Educación de Calidad”, la pandemia del covid-19 tuvo efectos devastadores, pues tomando como referencia 104 países, un informe de la Organización de Naciones Unidas pone de manifiesto que se han producido pérdidas de aprendizaje en el 80 % de los mismos.
En este contexto, las poblaciones en condición de marginación y desventaja son las más afectadas experimentando problemas respecto de los resultados del aprendizaje. Con relación al acceso a la educación y el abandono escolar la cifra es demoledora: 251 millones de niños y jóvenes en el mundo no van a la escuela según Unesco.
Lograr una educación de calidad es responsabilidad de muchos actores, comenzando por los gobiernos con sus políticas públicas, sistemas e infraestructura, pero también de las instituciones que hacen parte de los sistemas de educación desde la educación preescolar hasta la educación superior. También son relevantes diferentes líderes, a veces con escasa visibilidad, que con sus acciones tienen la capacidad de transformar las realidades de miles de individuos alrededor del mundo por medio de la educación.
Muy adelantada a la Agenda 2030, La Madre Francesca Cabrini es un ejemplo de lo anterior. La Madre Cabrini llegó en 1889 a Nueva York y mediante actividades de educación, prestó ayuda a numerosos huérfanos e inmigrantes italianos en esta ciudad.
Por su empatía hacia los más vulnerables, fundó escuelas y orfanatos alrededor del mundo, no sin enfrentar grandes dificultades, pues no debemos olvidar que su labor la desarrolló en un momento de la historia donde la participación de la mujer en escenarios de poder era impensable y donde desafiar el status quo no era bien visto en ningún lugar del mundo, menos aún cuando esto era liderado por una misionera.
Los logros de La Madre Cabrini nos recuerdan que el acceso a la educación puede ser una realidad para los más vulnerables cuando se trabaja con voluntad, dedicación y propósito. Con su trabajo la Madre Cabrini buscaba romper los ciclos de pobreza y reducir las desigualdades para que aquellos más desfavorecidos pudieran vivir de manera más próspera.
Una de las características que más destacan de La Madre Cabrini fue su capacidad para establecer alianzas, construir puentes de entendimiento y colaboración a nivel global para la educación y demostrar la inconveniencia de las divisiones. Para hacerlo, mostró diferentes competencias que le permitieron lograr sus objetivos.
Primero, fue una mujer resiliente, pues a pesar de su frágil salud y la resistencia inicial de la Iglesia frente a sus iniciativas, nunca renunció a su propósito de vida, que era ayudar a los más vulnerables.
En segundo lugar, fue una líder visionaria, con capacidad para organizar y dirigir proyectos de gran impacto en el mundo. También fue una mujer con empatía y compasión reflejando su compromiso con los más vulnerables. Por último, se destacó por ser una mujer ingeniosa, encontrando distintas formas de obtener recursos y apoyo para sus proyectos.
Todos los seres humanos desde nuestra cotidianidad tenemos el compromiso social de aportar con el avance de la educación, entendida en su más amplia acepción para que nadie se quede atrás. A continuación unas reflexiones que motivan esta propuesta:
Fuente: https://www.lasillavacia.com/red-de-expertos/educacion-para-el-progreso-social/
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