Publicado: 27 diciembre 2024 a las 6:00 pm
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Ecuador, 27 de Diciembre de 2024, Por: Óscar Pérez Sayago, https://exitoeducativo.net
Como lo he expresado en muchas ocasiones, si la escuela católica quiere ser una escuela de calidad primero debe ser una buena escuela. Ser escuela es lo sustantivo. Y la escuela católica no puede ser ajena a la evolución impresionante de la institución escolar de las últimas décadas. La primera y necesaria confianza tiene que ser ganada por ser escuela de calidad, que reafirme su capacidad de crear las competencias para los actuales contextos, que enseñe a aprender, y que abra posibilidades y oportunidades. Así, sus didácticas, pedagogías y metodologías también van de la mano de la teoría educativa, de las mejores prácticas, y que responda también a los sistemas evaluativos existentes en los países e internacionalmente aceptados. No se puede estar de espaldas a estas demandas actuales.
La educación católica no puede continuar siendo una propuesta aislada y exitosa. Ser parte de redes educativas podrá afianzar sus posibilidades, expandir sus miradas, realizar proyectos comunes, vivir la catolicidad de la Iglesia, y optimizar los recursos. No podemos seguir apostando a tentaciones que permiten crear escuelas exitosas en sociedades fracasadas; ni escuelas fracasadas en sociedades que se transforman y mundos que evolucionan.
Pero también, el plus es la apuesta fundamental de la Iglesia: el marco de valores, la formación de la fe, la vivencia de la solidaridad, el encuentro con Jesucristo pueden también ser elementos sustantivos de la propuesta educativa católica. La integración y articulación con el mensaje cristiano debe ser natural con la calidad de la escuela y del modelo educativo católico. No son dos componentes aislados, son una sola propuesta educativa, católica y de calidad, reconocida e integral.
Debemos partir de la realidad y de un llamado a la humildad: no somos necesarios. Sin embargo, decir que no se es necesario no significa decir que no se pueda ser importante. Por supuesto que sí pero con ciertas condiciones: que seamos capaces de mirar con esperanza los horizontes que se nos presentan, esforzarnos por entender las dinámicas del mundo global y diverso de hoy, poder ayudar a construir sentido, volvernos hombres y mujeres profundos y sólidos para poder orientar, asumir los riesgos de creer y crear aún a costa de equivocarnos, proscribir la tendencia a mantener y regresar, ser fieles al espíritu fundacional y no a las estructuras centenarias que hemos construido para otras épocas, aceptar con sencillez nuestras limitaciones, sentirnos parte de una Iglesia, ya no monopólica sino pueblo de Dios, que camina entre luces y sombras, con pecado y gracia, y reconocernos “una” propuesta en medio de la diversidad.
Pero, quizás, más allá de ser necesarios o importantes, lo que vale es ser significativos para la educación pensada como sector que moviliza la sociedad y ayuda a transformarla, y para los pobres, para quienes nacimos y por quienes debemos seguir luchando. Aquí encuentro nuestro futuro en nuestra América y la oportunidad para ser fermento evangelizador en este momento.
Para concluir, finalizo con tres claves de calidad para fortalecer la escuela católica:
Por Óscar A. Pérez Sayago, secretario general de la CIEC.
Fuente: https://exitoeducativo.net/el-cuidado-de-la-calidad-en-la-escuela-catolica/
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