Publicado: 27 agosto 2025 a las 6:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Víctor Núñez
Doctor en Filología por la UNED, profesor y formador en liderazgo y comunicación docente, Diego Ribeira es jefe de Departamento de Lengua Castellana y Literatura en el IES Al-Satt (Madrid), miembro del Consejo Escolar y autor de varios libros, entre ellos ¡Presente! La guía definitiva del liderazgo docente. Con una larga trayectoria en España y Argentina, combina la docencia con la investigación y la formación de equipos directivos y profesores en oratoria, comunicación y liderazgo. En esta entrevista con ÉXITO EDUCATIVO, comparte su visión sobre la necesidad de dotar al profesorado de herramientas comunicativas para recuperar su presencia en el aula y liderar comunidades educativas más cohesionadas.
¿En qué momento de tu carrera descubriste no solo tu vocación docente, sino también la importancia del liderazgo y la comunicación en la enseñanza?
Cuando empecé a ver que los profesores perdían autoridad en el aula, incluso los que tenían mucha vocación. El concepto de autoridad ha cambiado: ya no se trata de ser autoritario, sino de ganarse la autoridad. El problema es que el profesor ha perdido presencia en el aula. La solución está en dotarle de herramientas comunicativas y de liderazgo para que vuelva a ser un referente.
Muchas veces se piensa que el liderazgo es cosa solo de los directivos escolares. ¿Cómo entiendes tú el liderazgo en los centros educativos?
En los centros públicos se da mucho la imagen de “islas”: equipo directivo, profesorado, familias, alumnos, administración… todos por separado. Falta comunicación. Sin comunicación no hay liderazgo. El líder escucha, recoge ideas y construye un proyecto común. Si los equipos no se reúnen, si no hay coordinación pedagógica, no puede haber liderazgo. En los privados existe más visión de equipo, pero igualmente se necesitan líderes con herramientas comunicativas sólidas.
Pones el foco en la formación. ¿Está presente la comunicación en los planes de estudio de los futuros profesores o de los directivos escolares?
No, y ese es el gran vacío. Ni en los grados de educación, ni en el máster de profesorado, ni en la habilitación de directores hay una formación seria en liderazgo y comunicación. Como mucho se da alguna sesión superficial. Es increíble que una competencia tan esencial no figure en la formación docente.
Tu libro se titula Presente. ¿Cuál es la tesis principal?
Vengo de la lingüística y he intentado aplicar ese conocimiento a la oratoria docente. El título Presente viene de la idea de que cuando un profesor entra en clase debe transmitir: “Aquí estoy, ha llegado alguien a quien merece la pena escuchar”. Se trata de dotar al profesorado de herramientas que le den presencia en el aula, más allá de la materia que imparta.
Ahora se habla mucho de disciplina positiva. ¿Qué consejos darías a un profesor que quiera asumir un liderazgo positivo?
El primero es perder el miedo a ser observado. Solo así se puede saber qué se hace bien y qué no a nivel comunicativo. Yo mismo me grabo todos los años en clase para analizarlo. El segundo consejo es adoptar de manera sistemática algunas herramientas comunicativas, no todas a la vez, pero sí integrarlas hasta que se conviertan en un lenguaje nuevo con los alumnos. Eso transforma la percepción del aula.
Muchos asocian innovación pedagógica con tecnología. Sin embargo, tú insistes en la lingüística. ¿Por qué?
Porque todo es lenguaje. No todo lo que se comunica es lingüístico, pero la lingüística nos da la clave para entender la comunicación en todas sus formas: palabras, gestos, silencios. A veces un silencio dice más que mil palabras. Comprender la estructura profunda del lenguaje nos permite aplicar esos recursos en el aula y potenciar la innovación real.
Como jefe de departamento en un instituto público, ¿cómo percibes la comunicación de los centros con familias y alumnos, y el papel que juega en su visibilidad?
En los privados lo tienen claro: siempre hay un plan de comunicación. En los públicos, depende. No debería ser opcional, porque la comunidad educativa incluye a alumnos, familias, administración y entorno. Igual que se hizo con el plan de digitalización, sería necesario un plan de formación obligatoria en liderazgo y comunicación docente. Eso revolucionaría la educación pública.
Para terminar, ¿cómo sería el mejor centro educativo del mundo?
El mejor centro sería aquel en el que la convivencia no necesitara decenas de normas, porque todos se respetan. Ese ideal solo es posible con profesores líderes y equipos directivos que apoyen y acompañen, también frente a las familias. Un centro donde se convive de forma natural gracias al liderazgo compartido de toda la comunidad educativa.
Fuente: https://exitoeducativo.net/diego-ribeira-experto-en-comunicacion-escolar-la-autoridad-del-profesor-ya-no-se-impone-se-gana-con-liderazgo-y-comunicacion/
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