Publicado: 10 marzo 2021 a las 11:00 pm
Categorías: Artículos
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Durante muchos años estaremos estudiando cómo nos afectó la pandemia: su inesperado y radical impacto, la resistencia y dificultad para superarla, el devastador efecto en la economía, la situación social marcada por la desigualdad que se dibujó y otras secuelas tan graves como profundas.
Y, lógicamente, el marco educativo emerge como un espacio de singular relevancia por el alcance y las hondas cicatrices dejadas. Muchas de las verdades bien asentadas se han visto trastocadas y, en no poca proporción, transformadas.
En este sentido, en la enseñanza se están observando dos direcciones opuestas. Una, que advierte del retroceso observado en el proceso de innovación que se estaba consolidando en los últimos años. Y, otra, por el contrario, que muestra el cambio que muchas escuelas y docentes han puesto en marcha para poder atender a los escolares con suficiente garantía de calidad y equidad.
Estar confinados o reducidos a un grupo burbuja no formaba parte del imaginario de ningún docente hace apenas un año. Ha hecho falta mucha creatividad, energía y sentido del compromiso pedagógico para que los obstáculos se puedan convertir en retos.
Nuestra investigación “Anatomía del cambio educativo: la escuela ante el reto de la innovación”, en consonancia con esto, se ha visto obligada a girar en una buena parte de sus propósitos iniciales y nos hemos centrado, en un primer estudio, en analizar cómo la pandemia de la Covid-19 está afectando a las iniciativas innovadoras de Andalucía.
Los primeros datos nos confirman esas dos perspectivas antes aludidas: retroceso y retorno a posturas muy convencionales y simplificadas de enseñanza o, por el contrario, adopción de medidas innovadoras que promuevan un aprendizaje sólido y acorde con los tiempos que vivimos, marcados por la complejidad, el acceso a la información y la diversidad.
En esta breve aportación nos centraremos en el segundo relato: lo que hemos aprendido de una escuela “recluida” que se resiste a ser reducida. Muchas han sido las iniciativas que han activado:
Evitar el aparcamiento frente al televisor para fomentar tareas y experiencias culturalmente relevantes es uno de los logros que esta pandemia está poniendo de relieve. La implicación familiar así entendida está mostrando el potencial formativo que tiene el contacto entre dos contextos que, en demasiadas ocasiones, han vivido de espalda.
La creatividad y la elaboración original en función de una información plural y diversa se ha abierto camino y viene a mostrar que la repetición mecánica y memorística tiene poca sintonía con una sociedad conectada, abierta y con acceso digital a diversas fuentes de contenidos e información.
Unido a estos recursos y herramientas dispuestos en la red también encontramos plataformas, repositorios, redes, etc., que poco a poco ganan un terreno anteriormente ocupado muy mayoritariamente por el libro de texto.
La información y su tratamiento didáctico así dispuesto salva, en alguna media, el riesgo del vagabundeo digital o la atención a falsos datos o información sesgada. Competencia que la escuela necesita promover, pues no vale salir de la información cerrada en un manual para caer en un laberinto de imprevistos resultados. Muchos de estos recursos didácticos están ayudando en esa dirección.
Los convencionales encuentros se superan por formatos más informales, pero de mayor funcionalidad: grupos de WhatsApp, redes ocasionales, etc. Un ejemplo de apoyo mutuo que contiene el germen de una colaboración profesional sincera.
No obstante, también estamos encontrando algunos escollos que deben ser tenidos en consideración. Entre los más repetidos podemos considerar el negocio oportunista de plataformas, programas y otros mercachifles que al calor de la urgente necesidad de nuevos recursos se ofrecen como una solución mágica que antes buscan el beneficio comercial o mediático que una sincera preocupación por la mejora de la enseñanza.
Por otro lado, si la diversidad es una realidad, la desigualdad que a veces le acompaña no es menos cierta. Así, la escuela confinada nos ha puesto ante un espejo que muestra que la igualdad de oportunidades habita aun muy lejos de nuestras aulas y nuestros escolares.
El cambio y la innovación educativa implican asumir un reto que en muchas ocasiones expone al profesorado a situaciones que les es muy difícil aceptar.
La intensificación laboral, así como la incertidumbre, se configuran en este prolongado periodo de tiempo como algo complicado de mantener. La entrega sin medida es encomiable pero no exigible. Hace falta que la educación y su mejora, si la queremos hacer mantenible, ocupen un mayor espacio en la agenda y los presupuestos oficiales.
Fuentes de la información e imagen:
https://theconversation.com/covid-19-ocho-aprendizajes-tras-un-ano-de-escuela-recluida-155166?utm_medium=email&utm_campaign=Novedades%20del%20da%2016%20febrero%202021%20en%20The%20Conversation%20-%201864018172&utm_content=Novedades%20del%20da%2016%20febrero%202021%20en%20The%20Conversation%20-%201864018172+CID_1f4682bba669edb2738f51c5e9023537&utm_source=campaign_monitor_es&utm_term=Covid-19%20Ocho%20aprendizajes%20tras%20un%20ao%20de%20escuela%20recluida
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