Publicado: 12 septiembre 2025 a las 6:00 am
Categorías: Artículos
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Por Sara Martínez Huertas
Publicamos para las y nuestros lectores y lectoras, una carta de Sara Martínez Huertas, escritora y maestra especialista de apoyo a la inclusión, dedicada al claustro de su centro y donde reflexiona sobre la necesidad de la movilización en las aulas, en defensa del pueblo de Gaza y los miles de niños y niñas que sufren las consecuencias.

En días como hoy, no puedo continuar con mi actividad cotidiana sin pararme por un momento y ser un pequeño altavoz contra el genocidio de Gaza. Se podría pensar que una sola voz no sirve, no tiene fuerza para cambiar el rumbo de la historia, pero me he acordado de la fábula del colibrí. En esta historia, el diminuto pájaro está decidido a apagar el incendio que arrasa la selva. Y hace viajes y más viajes llevando agua en su pico. El resto de los animales le dicen que su esfuerzo no servirá de nada, que es demasiado pequeño, pero él responde: “yo hago mi parte”. Ahora, a mí también me gustaría “hacer mi parte” y por eso os hablaré como maestra, como ciudadana y como persona.
Como maestra, tengo una “materia prima” clara: la infancia. Sus derechos son mi “biblia”. Mi código deontológico, mi código ético y profesional, me obliga a cuidar de las infancias y a asegurarme de que estas no se maltratan, no se mutilan, no se queman, no se torturan. Las infancias se protegen y las escuelas también, porque son los espacios sagrados de cualquier sociedad que piense en su futuro.
Los niños y niñas de Gaza, hoy, no pueden jugar, ni dormir tranquilos, ni comer, ni beber agua… Muchos han quedado mutilados o han perdido a toda su familia. Ellos no pueden ir a la escuela, aunque lo están deseando. De hecho, en Gaza, los centros educativos, de todos los niveles, han sido sistemáticamente bombardeados.
Y yo me pregunto: ¿cómo podemos, nosotros, comenzar el curso escolar con
normalidad?
Como ciudadana de Barcelona, me siento profundamente orgullosa de esta ciudad y su solidaridad.
Somos un referente mundial en la defensa de la paz y de la justicia. Siempre nos hemos posicionado contra las guerras. Y este fin de semana hemos dado una lección al mundo con la salida de la Global Sumud Flotilla.
Esta flotilla de barcos, tan pequeños y tan grandes como el propio colibrí, está formada por personas “normales”, como nosotros, civiles, que dejan a su familia para subir a un barco y jugarse la vida con el objetivo de llevar ayuda humanitaria a Gaza. Este rol lo deberían de hacer los gobiernos, los políticos, las instituciones, pero no lo hacen. Y no podemos esperar. Es el tiempo de la sociedad civil.
En apoyo a la Flotilla pasaron por el puerto de Barcelona miles y miles de personas,
de todas las edades, de todas las procedencias, colores y religiones, demostrándonos que hay un movimiento internacional de solidaridad, que no todo está perdido, que todavía nos queda algo de humanidad.
Y yo me pregunto: si atacan a la Global Sumud Flotilla, que ya ha sido amenazada por el Estado de Israel, ¿qué seríamos capaces de hacer?
Como persona, ya en un ámbito que podría ser, incluso, egoísta, quiero hacer un recordatorio. Los derechos humanos que se están vulnerando en Gaza no son solo de Gaza, son los derechos de toda la humanidad. ¡También son nuestros derechos! Por eso en Gaza estamos muriendo todos y todas.
Si dejamos que las guerras tengan como objetivo a la población civil y no hacemos nada, no ponemos un límite, ¿qué pasará cuando nos toque a nosotros? ¿Y a nuestros hijos, nietos o biznietos? ¿O es que nos creemos intocables? Vivimos momentos decisivos, muy importantes en su dimensión histórica. Lo que está pasando se parece mucho a lo que sucedió durante la II Guerra Mundial, cuando los nazis metían a los judíos en los trenes y los llevaban a los campos de concentración.
Hoy, el sionismo está bombardeando, expulsando y matando de hambre a toda la población de Gaza, obligando a las personas a continuos desplazamientos. Quieren huir de los ataques, de los drones, de los disparos, de la muerte, pero no encuentran lugar seguro. Porque no lo hay.
Hoy, Gaza, en pleno siglo XXI es un gran campo de concentración. No os ha pasado alguna vez, que estás viendo una película o leyendo un libro sobre el Holocausto y piensas: ¿Qué habría hecho yo? ¿Habría escondido a Anna Frank y a toda su familia? ¿Habría hecho una lista como la de Schindler? ¿Habría protegido a mi hijo como el padre de “La vida es bella”?
Y yo me pregunto: ¿Qué habrías hecho tú? ¿Te habrías puesto del lado de los
opresores o de los oprimidos?
Vivimos momentos muy críticos. Gaza nos pide que pasemos a la acción, porque los derechos humanos no se defienden solos. Gaza nos despierta. Gaza nos enciende la chispa de la llama colectiva.
Por eso, propongo que las escuelas no inicien el curso con normalidad, que cambien alguna cosa. Todo sirve: pequeñas y grandes acciones. Dejemos volar nuestra imaginación. Somos docentes. Tenemos mil maneras de informar, motivar y emocionar al alumnado. Y los derechos humanos son contenidos curriculares. La normativa nos ampara.

Nuestro alumnado también vive en este mundo. Ellos y ellas han visto imágenes, han escuchado noticias, comentarios, etc. Algunos han visionado imágenes de una extrema violencia. No son imágenes ficticias como las de las películas o los videojuegos. Son imágenes reales. Y eso es mucho peor.
Y yo me pregunto: Si no hablamos del tema, ¿qué mensaje estamos dando?
Nuestro alumnado necesita apoyo para entender lo que sucede. Necesita construir una mirada histórica, desde un espíritu crítico. Y necesita sentir que los adultos se emocionan y se posicionan ante las injusticias. Creo que nuestros alumnos y alumnas se sentirán mejor si ven cómo sus maestros defienden los derechos humanos y los derechos de la infancia, sin discriminación.
Tenemos la oportunidad de acompañar aprendizajes significativos mostrando que el colibrí por sí solo quizás no conseguirá apagar el fuego, pero si se junta con más colibríes y con más animales de la selva, con el mismo objetivo, tendrá más opciones de conseguirlo. Los humanos tuvimos más éxito que otras especies porque supimos colaborar entre nosotros. Los maestros debemos mostrar el camino de la acción colectiva. Debemos enseñar esperanza y democracia.
Y ahora me pregunto: ¿Qué harás tú para parar este genocidio?
No pienses que no tienes poder. Tú también eres un colibrí, único y valioso. Tú también puedes hacer tu parte y cuando te encuentres con el resto de colibríes de todo el mundo que también está haciendo su parte, sentirás que NO estás solo. Sentirás comunidad, sentirás que estás en el lado correcto de la historia, construyendo un mundo un poco más justo.
Quizás también sentirás AMOR. Eso es porque, como decía el poeta Ernesto
Cardenal: “La revolución es, sobre todo, una cuestión de AMOR”.
Fuente: https://www.laizquierdadiario.com/Carta-de-una-maestra-al-claustro-Y-el-colibri-respondio-yo-hago-mi-parte
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