Breve reflexión sobre la tarea docente

Publicado: 15 marzo 2025 a las 2:00 am

Categorías: Artículos

[responsivevoice_button buttontext="Escuchar la noticia" voice="Spanish

Latin American Female"]

Por Lic. Eduardo Stamato

La docencia es esa profesión, que al igual que otras, se la relaciona directamente con su entrega a la formación y desarrollo de las personas.

Siempre recuerdo ese médico de familia que me decía, “… tu profesión y la mía tienen algo en común. Estar presente, en el aquí y en el ahora, no trabajamos con papeles que quedan arrumbados en un escritorio para ser atendidos en mejores oportunidades. Trabajamos con personas que nos necesitan …”

Los niños, adolescentes, adultos, la sociedad toda, necesita de un docente, de un guía, mucho más en el presente donde hablamos de neuroplasticidad y de su incidencia en una vida adulta más prolongada, sana y de calidad.  Ya lo decía Francisco Larroyo pedagogo mexicano “… la vida es un permanente hacerse (…) y ella involucra a la sociedad toda …”  quien además acordaba con los principios de Kant quién sostenía que la educación es la herramienta  … que sirve para ele­var la naturaleza humana hasta llegar a un desarrollo pleno …”

  “… La docencia es la única profesión que crea otras profesiones…”, afirmó Jesús Cebrino, investigador y docente de la Universidad de Sevilla.

Según la Real Academia Española la palabra “docencia” viene del latín “docentia”, que significa “cualidad del que enseña”, y corresponde también  ampliar con la cualidad del que entrega y permite descubrir el conocimiento mientras cada uno de los integrantes el proceso, alumno y  docente, se reconoce a sí mismo en una relación interpersonal cargada de afecto.

La palabra “enseñar” proviene del latín insignare, que significa “señalar”. Indicar el camino, descubrirlo, forjarlo, modelarlo.

Y de eso se trata el educar, vocablo nutrido por los términos latinos educare y educere. Orientar, guiar, alimentar y extraer del adentro hacia el afuera.

Todo esto hace que podamos definir la educación como el desarrollo de todas las potencialidades del sujeto.

De esto se trata, de hacer educación todos los días, cada vez que un docente ingresa a un curso con la intención de enseñar y educar para un mundo mejor. Cómo dice Paulo Freire pedagogo, educador y filósofo brasileño, “… La educación no cambia al mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo…”. 

No hay dudas entonces que debemos apostar a la educación como fuente de crecimiento profesionalizando la función educadora del docente.

Si tan importante es entonces el rol docente surge una pregunta que es imposible de no formalizarse.  ¿Por qué es una de las profesiones menos considerada y reconocida por la sociedad en general, las familias, los medios, los gobiernos quienes no la consideran la actividad fundamental en el sostenimiento de nuestra cultura, no le brindan su atención y casi no conforma parte importante de sus agendas políticas.

La falta de dicho reconocimiento hace que no sea una carrera elegida o pensada por los más jóvenes a la hora de optar por una profesión que les permita el desarrollo de sus vidas cuando muchos sienten dicha vocación.

Con ello no se intenta hacer mención solo al reconocimiento económico sino también al desarrollo y consideración de la docencia como profesión.

Como todos sabemos salud, seguridad y educación se encuentran en los niveles más bajo de la escala salarial y reconocimiento profesional. Nos olvidamos que son ellos quienes nos cuidan, nos curan, nos enseñan y nos guían a un futuro que debería ser prospero y de bienestar social. Hemos llegado a sufrir descalificaciones públicas de todo tipo, violencia en nuestros lugares de trabajo, aplausos de reconocimientos y también olvido.

El desconocimiento de la profesión docente, las descalificaciones y las exigencias que sobre ellos recaen, la convierten en una de las profesiones donde más se desarrolla el estrés, las enfermedades laborales y el burnout.

Hoy pareciera que la escuela es la responsable de todo lo que sucede en el afuera, como se hizo mención en párrafos anteriores, la educación es una responsabilidad social que nos involucra a todos. La familia educa y la escuela refuerza esos valores y enseña. En el proceso educativo deben convivir familia y escuela. Hay cuestiones que son indelegables de las familias y otras que  son indelegables de la escuela y es allí donde la escuela luego de años de obligatoriedad debe entregar a la sociedad hombres y mujeres en desarrollo. ¡Qué hermosa responsabilidad y qué poco valorada!

Ahora bien, cuando se trata de recaudar los docentes como cualquier otro profesional son incluidos en la deducción del impuesto a las ganancias, hoy conocido como impuesto al salario. Corría el mes de julio del 2015 cuando por entonces un 20% del personal docente ya pagada el impuesto a las ganancias.  Es más, las escuelas son consideradas entes recaudadores de impuestos y deben realizar el aporte correspondiente. ¿No es esto otra falta de reconocimiento a la hermosa tarea y  labor educativa que ellos llevan adelante dentro de las escuelas si gozan de la escala salarial más baja? ¿Las escuelas no tiene la función de enseñar primordialmente sobre las que fueron fundadas?

Mientras no tengamos políticas que se ocupen y preocupen por respetar, profesionalizar y jerarquizar la educación, será muy difícil que la cosa cambie.

Al docente se le exige y se lo responsabiliza de todo lo referente al proceso de enseñanza y aprendizaje, como así también de todo lo que sucede a nivel social, familiar, dentro y fuera de las aulas, cuando la responsabilidad educativa es compartida con los diferentes modelos de educación que se dan en el adentro de los hogares, grupos sociales , religiosos y ejemplos gubernamentales.

El docente se retira joven. Disfruta de su jubileo por lo general y a partir de una edad promedio de 55 a 60 años dependiendo del sexo y jurisdicción donde ejerció su profesión docente. El docente se jubila y automáticamente queda excluido del sistema educativo formal. Le es muy difícil volverse a incluirse en los mecanismos formales de educación, como si su experiencia ya no tendría ningún aporta al sistema educativo formal. El docente es excluido luego de jubilarse de los modelos formales de educación.

Lamentablemente en nuestro país no se considera al docente por sus años de capacitación y el aporte y experiencia que pueda darle a la escuela luego de 30 o más años de trabajo profesional. No nos olvidemos que en la docencia se comienza a edades muy jóvenes.  Mucha es la experiencia, capacitación y amor que el docente tiene para dar y compartir con docentes en formación, en ejercicio y como asesores de nuevos docentes y directivos que sieguen y apuestan a seguir haciendo docencia todos los días de su vida. Llego entonces el  momento que nos toca elegir que hacer en forma independiente con nuestras vidas, como ocupar ese tiempo destinado en su totalidad a la escuela y a la educación de niños y adolescentes. Se siente que las alas se cortan y la escuela  que lo formó ya no puede incluirlo, ya no hay tiempo para el reconocimiento dentro del sistema y con ello parecen sentimientos encontrados que surgen de todo el amor entregado y recibido, acompañado de la angustia y ansiedad que genera el retiro. Otra nueva vida y otros proyectos que el docente deberá rediseñar lo esperan a la vuelta de la esquina para seguir desarrollándose entregando y recibiendo amor.

Los tiempos cambian, la sociedad se moderniza, el mundo gira en un nuevo paradigma donde al docente se le reclaman, además de sus funciones tradicionales, capacitaciones que no puede incluir en la pequeña agenda que le queda disponible y un sinfín de acciones de contención que aparecen en el aula diariamente que no son propias de la actividad docente. No olvidemos que la tarea primordial del docente sigue siendo enseñar, favoreciendo un ambiente resonante como vehículo indispensable. La tarea docente es cada vez más exigida para cumplir diferentes roles.  Los primeros son todas sus tareas y obligaciones relacionadas con el quehacer educativo, las otras son integraciones de aulas heterogéneas con las nuevas implicancias de la nueva niñez  y adolescencias para las cuales no fueron preparados desde sus centros de formación y que algunas veces conllevan hasta cumplir actividades que antes estaban bajo la órbita familiar. No hay dudas que la responsabilidad docente trae como todas las profesiones  formación, capacitación,  entrega de actitudes y aptitudes, junto al amor docente de cada día para que cada clase sea única e irrepetible y sin embargo frente a todas estas responsabilidades, no se reconoce socialmente su función educadora.

Cuidado no nos olvidemos que las sociedades más modernas y civilizadas del mundo tiene un trato profesional de la docencia y la consideran como la profesión más noble y de responsabilidad que se pudiera elegir. La inversión de dichos gobiernos a la actividad docente y escolar es primordial, no es un mínimo ítem que se ajusta a conveniencia dentro de un presupuesto nacional.

Por ello en este mes de marzo y ya habiendo dado por comenzado un nuevo ciclo lectivo en todo el país es el momento de revalorizar la profesión docente, esa profesión  que formará a nuestros futuros profesionales de la salud,  de la justicia, de la seguridad, educando en favorecer el fortalecimiento de los coeficientes emocionales e intelectuales de nuestros niños y adolescentes.

Bien dijo María Montesori, pedagoga, filosofa y psiquiatra italiana “… todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar, y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz…”

Fuente: https://www.puntocapitalnoticias.com/breve-reflexion-sobre-la-tarea-docente/