Publicado: 6 abril 2025 a las 2:00 am
Categorías: Artículos
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Por Dra. Laura Iglesias

“Cuando dejamos de lado la contención socioemocional de los niños, niñas y adolescentes, socavamos su capacidad de aprender, establecer relaciones significativas. De sentir empatía, de superar la frustración, de desarrollar su autoestima y de que sientan que es posible un mundo en paz, inclusivo, sostenible y sustentable con su contribución.”
Entre miradas afanosas de atención, afecto y contención, y otras que se esfuman entre sensaciones de ansiedad, depresión. En un navegar sin límites en la tecnología y sus aliados, que sin descaro promocionan tendencias de autolesiones, retos perniciosos, emojis que se alejan de la ingenuidad. Entre bullying y el ciberacoso, camina la niñez y adolescencia. Qué decir de quienes vemos, no vemos, queremos ver o simplemente no sabemos cómo mirar. Qué decir acerca de quienes debemos estar y no estamos, nosotros, los adultos, sus responsables.
Hablemos de las habilidades socioemocionales. Ellas conforman el repertorio de capacidades que las personas pueden desarrollar a lo largo de la vida y que determinan su aptitud para conectar y comprender las propias emociones, pensamientos y conductas Vincularse y comprender las emociones, pensamientos y conductas de los otros y desenvolverse en un determinado contexto de manera adaptativa.
Las habilidades socioemocionales son esenciales en nuestro espacio personal, en la familia, en las relaciones entre pares y en el ámbito público, en el trabajo y en la sociedad. (Aportes para la enseñanza de las habilidades socioemocionales. UNESCO 2024)
Aunque forman parte del desarrollo integral de los seres humanos, estas habilidades comenzaron a concitar atención en el ámbito educativo sólo durante la segunda mitad del siglo XX. Hasta entonces, las dimensiones emocional y social del desarrollo personal se habían pensado como relegadas al ámbito privado y familiar. Diversos avances en la psicología del aprendizaje y las neurociencias permitieron que la importancia del desarrollo emocional y la interacción social cobraran fuerza en educación.
En paralelo, el logro de objetivos educacionales incrementó la cantidad y la diversidad de estudiantes en las escuelas, ofreciendo desafíos que el sistema escolar no había enfrentado antes. Conceptos como aprendizaje vicario, socioconstructivismo, mediación, aprendizaje significativo, inteligencias múltiples, e inteligencia emocional, fueron planteándose y cobrando relevancia. Todo ello en la búsqueda de explicaciones a las complejas relaciones existentes entre los aspectos cognitivos, emocionales y sociales del aprendizaje. Aspectos que los docentes observaban y los estudiantes experimentaban cotidianamente en las aulas.
Así fue quedando atrás el concepto de inteligencia para hablar de habilidades y capacidades, analizando la manera en que se entrelazan las dimensiones interpersonal, intrapersonal y cognitiva al aprender. La escuela está en proceso de asimilar que no solo importan los aspectos intelectuales clásicos (razonamiento abstracto, memoria, etc.) y el rendimiento académico. Es que una educación integral implica educar no solo para el desarrollo cognitivo, sino también corazones y relaciones.

La escuela es uno de los lugares esenciales para que se adquieran conocimientos y habilidades socioemocionales, como autorregulación, resiliencia y pensamiento crítico. Porque sientan las bases para un futuro saludable. Se hace oportuno también destacar el rol del contexto escolar como escenario de acciones preventivas. Es un marco propicio para promover competencias, prevenir dificultades e identificar tempranamente situaciones conflictivas, es un espacio que abre la puerta al ejercicio novel de la ciudadanía, donde, además de las actividades académicas, se producen importantes experiencias sociales en las relaciones con los docentes y con los iguales.
Algunas de las razones que fundamentan su presencia en las prácticas áulicas: – El proceso de enseñanza-aprendizaje es, en buena parte, interpersonal y se necesita buen clima emocional y social para enseñar y para aprender. – El aprendizaje implica procesos cognitivos, emocionales y sociales. – La inteligencia emocional es predictor de rendimiento académico y éxito escolar. – Las emociones están involucradas en los aspectos cognitivos (atención, memoria, razonamiento, toma de decisiones), en las conductas (lo que hago y digo), en los vínculos interpersonales (con quién me relaciono). En la salud física (problemas psicosomáticos) y en la salud mental. – Es una potente herramienta para la mejora de la convivencia y la prevención de la violencia.
Sin embargo, las emociones y las relaciones suelen estar fuera del currículum intencional y sistemático.
Se hace imprescindible apropiarnos, desde la educación y cómo sociedad, de un doble reto: “por un lado, cumplir la promesa de garantizar el derecho a una educación de calidad para todos los niños, niñas y adolescentes. Por otro, aprovechar plenamente el potencial transformador de la educación como vía para alcanzar un futuro colectivo sostenible. Así, se apuesta por asumir el conocimiento y el aprendizaje como la base para la renovación y la transformación; abordar la persistencia de diferencias globales; y reimaginar por qué, cómo, qué, dónde y cuándo aprendemos.” (Aportes para la enseñanza de las habilidades socioemocionales. UNESCO 2024)
Fuente: https://www.altagracianoticias.com/la-educacion-sobre-la-mesa-hoy-educando-sobre-lazos-socioemocionales/
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