Publicado: 29 marzo 2025 a las 10:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Andrea Fuenzalida Correa
¿Sientes que cada vez hay más que evaluar y menos tiempo para enseñar? El Decreto 67 no es otra carga: bien usado, puede ayudarnos a decidir con más criterio. Aquí te contamos cómo, sin frases vacías.
El Decreto 67/2018 llegó para poner sobre la mesa una verdad incómoda: por años, la evaluación en Chile estuvo más centrada en calificar que en ayudar a aprender. Este decreto propone un cambio de paradigma que va mucho más allá de subir o bajar el promedio para promover: quiere que la evaluación se use para acompañar, para comprender, para mejorar. Y, sí, para evitar la repitencia innecesaria

Bajo la antigua mirada, si un estudiante reprobaba una o dos asignaturas, el sistema lo dejaba caer. Era automático, casi mecánico. El Decreto 67 rompe con esa lógica. Ahora, la decisión de repetir debe ser excepcional, deliberada y pedagógicamente fundada. No basta con mirar notas y asistencia; hay que analizar el progreso, la brecha con su grupo y su situación socioemocional. Y ese análisis lo hace el equipo directivo con informes, evidencia y la opinión del propio estudiante y su familia.
Esto obliga a algo clave: actuar antes. Si un estudiante muestra dificultades, la evaluación formativa permite detectarlas y ajustar enseñanza a tiempo. Repitencia no debería ser un destino, sino una última opción tras agotar apoyos reales.
El Decreto 67 pone el foco en el derecho a aprender. Esto significa que la evaluación no puede seguir operando como un filtro, sino como una herramienta que permita visibilizar la diversidad del aula y generar respuestas adecuadas. Si un estudiante no logra aprender, en lugar de preguntarnos por qué no avanza, es más constructivo enfocarnos en qué apoyos necesita para hacerlo.
Y aquí la evaluación formativa juega un rol fundamental. Permite mirar más allá del resultado y enfocarse en el proceso: ¿qué estrategias usa el estudiante?, ¿dónde se estanca?, ¿qué avances logra aunque aún no “llegue” a la meta? Esa información es oro para tomar decisiones más justas.
Si llegas a fin de año y un estudiante no cumple los requisitos de promoción, el Decreto no obliga a repetir sin más. De hecho, exige que el equipo directivo analice caso a caso con criterios pedagógicos y socioemocionales.
¿Y si decide promoverlo igual? El artículo 12 lo dice claro: el año siguiente se deben implementar medidas de acompañamiento pedagógico, con autorización de la familia. O sea, no basta con pasarlo y cruzar los dedos. El establecimiento debe comprometerse con ese proceso.
Evaluar formativamente no es hacer más pruebas. Es usar distintas estrategias para observar el aprendizaje en tiempo real. Algunas claves:
Estas acciones, hechas con intención pedagógica, permiten tomar decisiones informadas: reenseñar, diversificar actividades, buscar apoyos, contactar a la familia. Es decir, prevenir que un bajo resultado se transforme en una repitencia.
Uno de los principios menos aplicados —y más potentes— del Decreto 67 es la diversificación de la evaluación. Esto implica que no todos los estudiantes deben rendir las mismas pruebas, de la misma forma, para demostrar lo mismo.
Diversificar no es bajar el nivel. Es permitir que cada estudiante muestre lo que aprendió de una manera coherente con sus fortalezas. Un ensayo, un video, una presentación oral o una maqueta pueden ser distintas puertas hacia el mismo aprendizaje.
El Decreto establece que se debe calificar solo lo que el estudiante ha tenido oportunidad de aprender, y esto exige mirar la diversidad como una condición inherente al aula. Diversificar también mejora la calidad de la evidencia evaluativa: más rica, más justa, más accionable.
Algunas ideas para empezar:
Evaluar distinto no significa evaluar menos. Significa entender mejor y decidir mejor.
Una de las grandes preocupaciones de los docentes es el tiempo. La evaluación formativa no puede sentirse como una carga extra, sino como una herramienta que optimiza lo que ya hacemos. Y eso es posible si se planifica con foco.
Aquí van algunas ideas prácticas para hacer que la evaluación formativa no solo sea efectiva, sino también sostenible:
La evaluación formativa no tiene por qué ser una montaña más. Si se vuelve parte de la planificación, puede incluso ahorrar tiempo a largo plazo, al permitir actuar antes, con más información y menos sorpresas.
Un cambio real empieza con una práctica concreta. Esta lista puede ser tu punto de partida.
El Decreto 67 no es solo una normativa técnica, es una invitación a cambiar la cultura evaluativa desde la sala de clases. Si lo usamos como corresponde, podemos dejar atrás la repitencia automática y avanzar hacia una escuela donde todos aprendan más y mejor, sin quedar fuera por no encajar en un molde.
Fuente: https://www.umaximo.com/post/evaluar-para-aprender-no-para-reprobar-el-lado-util-del-decreto-67-en-chile?c=mx
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