Publicado: 27 marzo 2025 a las 12:00 am
Categorías: Artículos
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Por Elena Villegas
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Cada vez se habla más de educación emocional y cada vez más las familias son conscientes de la importancia de este aspecto en la crianza de sus hijos. Lo es en casa, pero también en el colegio o centro escolar porque, “la educación emocional en la infancia debe ser desarrollada como cualquier otra competencia académica”, afirma Sònia Méndez, mediadora familiar experta en inteligencia emocional y autora del cuaderno de ejercicios de educación emocional El viaje de Berna (Ed. Nadal).
“Al igual que a un niño se le enseña matemáticas, porque se considera que aunque tenga un talento (o no) innato para ellas, necesita el conocimiento y la técnica para poderlo desarrollar, debemos entender que con las habilidades sociales y las competencias emocionales pasa lo mismo”, añade.
Si en casa la base de esta educación es el acompañamiento emocional, tan necesario para el “buen desarrollo cognitivo y emocional” del niño, el papel de los docentes al respecto debe ser, según Méndez, el de enseñarles “técnicas que les permitan relajarse, controlar sus emociones, saber decir no o, por ejemplo, manifestar lo que necesitan con respeto pero de forma directa”.
El niño debe poder desarrollarse de forma tranquila, sin estrés y sintiéndose seguro
“Una infancia sin apego y sin el acompañamiento emocional necesario influye de forma decisiva en el desarrollo del cerebro infantil y, por tanto, en el adulto del futuro”, señala la educadora emocional. “El niño debe poder desarrollarse de forma tranquila, sin estrés y sintiéndose seguro. Estos son los ingredientes básicos para que pueda crecer adecuadamente y su rendimiento académico pueda ser óptimo”.
La experta nos explica que la relación entre el bienestar emocional y la manera en la que aprendemos, retenemos la información o tomamos nuestras decisiones está estrechamente vinculada. “De esta manera, un niño que crezca en un ambiente tenso y rígido, vivirá en constante presión. Esto supondrá que su sistema límbico (una parte estructural del cerebro) esté en alerta, impidiendo a este niño poder trabajar mentalmente con la misma rapidez y claridad que lo pueda hacer un compañero que se siente relajado y feliz”.
Sònia Méndez pone de manifiesto, para dar solidez a este argumento, que hay estudios que demuestran la potente relación que existe entre bienestar infantil y vida adulta funcional. En concreto, habla de estudios sobre psicopatía que demuestran que las personas que padecen este trastorno de la personalidad “pueden gozar de una vida plena y perfectamente alineada con el resto de personas” de su entorno siempre que, desde pequeños, haya recibido el afecto y el acompañamiento emocional necesario, dando pie así a generar en ellos un apego seguro.
“Así pues, el amor, el apego o la regulación emocional son herramientas necesarias para que nuestro organismo funcione correctamente y, por tanto, podamos disfrutar de una vida adulta plena”.
“¡Las familias debemos hacer algo histórico!”, dice Méndez con efusividad. “Y es que debemos aprender aquello que nadie nunca nos enseñó y aprender a transmitirlo con nuestro ejemplo y nuestras enseñanzas”. Para ello, la especialista nos revela una fórmula que, como ella misma reconoce, no es sencilla, pero sí muy útil a la hora de aplicarla en casa. Y esta fórmula consiste en la superación de cuatro fases por parte de las familias para poder ofrecer una coherencia emocional a sus hijos.
“Esta coherencia se basaría en que aquello que piensen (nivel cognitivo), aquello que sientan (nivel emocional) y aquello que hagan o digan (nivel motor) esté alienado y sea coherente”, detalla. “Esa es la clave de la serenidad con uno mismo, ¡pero conseguir esta coherencia no es nada fácil! ¡Eso lo sabemos bien los adultos!”.
Las cuatro fases que indica Méndez son las siguientes:
De ahí que la experta haga hincapié en la necesidad de que nosotros, como adultos, midamos muy bien la respuesta que damos, pues “si nos enfadamos en exceso, el niño puede agobiarse aún más o asustarse por las consecuencias. Por el contrario, si ignoramos su dolor, puede pensar que no nos importa”. Por eso es tan importante disponer de conocimiento, de técnicas y recursos que, en momentos críticos, nos ayuden a reconducir la situación.
Esto es lo que ha motivado a Sònia Méndez a crear el cuaderno de ejercicios de educación emocional El viaje de Berna, orientado a trabajar las habilidades que hemos citado hasta ahora. “Este cuaderno está creado con el objetivo de que el niño pueda mejorar su autoestima, pueda expresar cómo se siente ante los conflictos o con las relaciones con sus amigos y pueda aprender maneras de comunicarse de forma asertiva”, nos comenta. “Una herramienta que trabaja la empatía, la gestión del conflicto, la comunicación y el autoconocimiento”.
Fuente: https://www.hola.com/padres/20250325822021/educacion-emocional-infancia-impacto-vida-adulta/
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