Repensar la relación entre tecnología y educación para construir futuros posibles

Publicado: 3 marzo 2025 a las 4:00 pm

Categorías: Artículos

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Por: Alicia Berlanga

Un pilar clave para el cambio es el de la soberanía digital. La comunidad educativa debe poder decidir cómo desarrollar y usar las tecnologías en los contextos educativos

Varios estudiantes, en clase con sus ordenadores

Varios estudiantes, en clase con sus ordenadores / Elisenda Pons.

La tecnología ya no es simplemente un conjunto de herramientas, sino que constituye el entorno en el que se desarrollan nuestras vidas. Las tecnologías son también maneras de mirar, representar y estar en el mundo. Moldean no solo nuestras formas de trabajar, sino también nuestra manera de aprender, relacionarnos y construirnos como individuos y comunidades. Ante esta situación, el debate sobre el papel de la tecnología en la educación es más relevante que nunca. Sorprende, por tanto, que el debate sobre tecnología y educación, así como gran parte de las decisiones y prácticas relacionadas con la tecnología en educación, se sigan moviendo en un ciclo, un tanto hiperbólico, de expectativas y desilusión, y entre dos posiciones tan anacrónicas como estériles.

Por un lado, una tecnoutópica, que presenta a la tecnología como la solución mágica a los retos educativos (ojo, porque gran parte de la narrativa en torno a la IA reproduce el imaginario del solucionismo mágico). Por otro, una postura pesimista la demoniza y aboga por su exclusión de las aulas y las instituciones educativas. Ambas comparten un enfoque determinista sobre la tecnología que nos roba, en última instancia, nuestra agencia y nuestra capacidad de decisión.

Si deseamos construir futuros educativos que realmente respondan a nuestras necesidades, es urgente superar este marco polarizador, imaginando nuevas relaciones con la tecnología, diseñando herramientas digitales que respondan a parámetros educativos, y actuando para hacer realidad estos futuros.

Un pilar clave para el cambio es el de la soberanía digital. La comunidad educativa debe poder decidir cómo desarrollar y usar las tecnologías en los contextos educativos. La tecnología educativa debe responder a los valores y sensibilidades educativos, proteger la privacidad, garantizar la seguridad de los usuarios (más, si son menores) y permitir un liderazgo tecnopedagógico distribuido. En la historia de la tecnología educativa lo tecnológico ha predominado sobre lo educativo. Es de esperar que, en los próximos años, lo educativo pase a ocupar un primer plano. Esto implica dotar a los centros de herramientas y capacidad para tomar decisiones informadas basadas en los datos, la investigación y la reflexión.

La evaluación de la propia tecnología educativa es otro componente esencial. Adoptar tecnologías por moda o presión de mercado es un error. Las tecnologías deben responder en primer lugar a un proyecto educativo. Y necesitamos también saber medir su impacto real en la enseñanza y el aprendizaje, involucrando a docentes y comunidades educativas.

Dos de los ámbitos donde las tecnologías pueden aportar más a la educación son en la evaluación para el aprendizaje o evaluación formativa, y en la evaluación de los sistemas educativos, donde se puede aprovechar su capacidad de recogida y análisis de datos para informar las políticas educativas a nivel de sistemas.

Las tecnologías permiten avanzar hacia evaluaciones formativas que, más que calificar, ayuden a los estudiantes a aprender y participar activamente en su aprendizaje.

Asimismo, la tecnología se presenta como potencial aliado para avanzar en la evaluación de los sistemas educativos en su conjunto. Las pruebas estandarizadas y evaluaciones internacionales han demostrado tener limitaciones. Parece que ha llegado la hora de utilizar todo el potencial de la tecnología a la hora de manejar datos para generar evaluaciones mucho más contextualizadas y significativas, que permitan una toma de decisiones a distintas escalas mucho más efectiva.

El diálogo entre la academia, la práctica educativa y la industria tecnológica se muestra vital para desarrollar herramientas alineadas con las necesidades reales de estudiantes, docentes, escuelas, inspectores educativos, gestores de políticas y con los objetivos educativos que, como sociedad, queremos alcanzar.

El desafío es grande, pero también lo es la oportunidad. Repensar la relación entre tecnología y educación no solo es necesario, sino una ocasión para imaginar y construir futuros educativos hoy inimaginables. La confianza, la reflexión y la colaboración serán nuestras aliadas. Es el momento de liderar y actuar.

Fuente: https://www.elperiodico.com/es/opinion/20250303/repensar-relacion-tecnologia-educacion-construir-articulo-alicia-berlanga-114895774