Pensar la infancia. Sedentarismo infantil: enfermar por quedarse quieto

Publicado: 19 octubre 2025 a las 6:00 pm

Categorías: Artículos

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Por Enrique Orschanski

El sedentarismo representa hoy una insólita negación de la infancia, en tanto enferma a una multitud de niños y de adolescentes

Una infancia sedentaria: los niños y las niñas ya no se mueven como deberían. (Shutterstock / Lelechka)

La mayoría de los habitantes de grandes ciudades pasan el 90% de su tiempo entre cuatro paredes, olvidando que su sino original era vivir en la naturaleza.

Los chicos no escapan a esa realidad. Los citadinos parecen condenados a crecer en sitios semicerrados, con horarios estrictos, evitando ensuciarse y entretenidos con pantallas.

Su sedentarismo se evidencia no sólo en la silueta, sino en la afectación de conductas y hasta en enfermedades.

Se estima que, en todos los grupos sociales, el sobrepeso y la obesidad infantil están hoy más vinculados a moverse poco que a comer mal.

En tanto, el aire en lugares cerrados no es limpio. Niños con trastornos respiratorios ven empeorar sus síntomas al transcurrir prolongadas estancias en habitaciones, aulas o salones cuyo aire está plagado de contaminantes.

Y se ha probado que la falta de exposición a la luz natural predispone a emociones ligadas a la tristeza.

Hay más: vivir entre cuatro paredes intensifica una etapa natural de la infancia caracterizada por el miedo a monstruos, fantasmas, y otras imágenes relacionadas con la oscuridad. Prueba de ello son los súbitos cambios de humor y episodios de ira.

Como fenomenal contraprueba, la prudente exposición a la luz del sol muestra efectos beneficiosos sobre diversos sistemas. Optimiza funciones digestivas, mejora la calidad de la piel y la estructura interna de los huesos.

Es sencillo comprobar que en localidades menos pobladas chicos y adolescentes pueden mostrar una versión más “salvaje”, disfrutando de espacios amplios, aire puro y desplegando toda su potencialidad.

Muchos caminan o pedalean hacia y desde el colegio; otros se reúnen en plazas, veredas y baldíos seguros, y no pocos regresan a su casa recién cuando baja el sol.

La solución a algunos trastornos de salud derivados de vivir con escasa exposición a la luz parece por demás accesible.

En entornos hogareños, bastaría con ventilar las habitaciones varias veces al día, no abusar de velas, sahumerios o aerosoles, tomar como referencia la caída del sol para reducir el uso de dispositivos electrónicos y, de ser posible, dormir en completa oscuridad.

Y, desde luego, procurar que, en la apretada agenda infantil de actividades, predomine el movimiento; cada quien con según sus deseos y posibilidades.

Las familias trazarán su plan; y los colegios -sitios en los que los chicos pasan gran parte del día- intentarán reivindicar a la Educación Física como herramienta de salud.

Incrementar las actividades escolares que impliquen movimiento físico significa devolver aquello que la educación tradicional -la que exigía un orden silencioso y quieto, y que por la decisión de muchas autoridades hoy está cambiando- había quitado: el natural albedrío.

En ese sentido, la Sociedad Argentina de Pediatría propone facilitar mayor actividad física desde un consenso inédito: que las constancias anuales de salud no sumen otro factor de sedentarismo infantil.

Textualmente afirma que, basados en el respeto a los derechos infantiles a la salud, la recreación y el deporte, dicha constancia (el famoso CUS) no debería limitar la participación en clases de Educación Física, y que sólo deberían considerarse indispensables aquellas exclusiones -transitorias o permanentes- emitidas a alumnos con severos impedimentos físicos o psiquiátricos.

Cumplido un cuarto de siglo 21, el sedentarismo representa hoy una insólita negación de la infancia, en tanto enferma a una multitud de niños y de adolescentes a los que, en algún momento, les dijeron que se quedaran quietos.

Fuente: https://www.lavoz.com.ar/opinion/sedentarismo-infantil-enfermar-por-quedarse-quieto/