Publicado: 9 septiembre 2025 a las 12:00 am
Categorías: Libros
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Por Almudena Orellana

Cincuenta años después de su primera publicación, La guerrera (The Woman warrior), de Maxine Hong Kingston, vuelve a las librerías españolas con una nueva edición publicada por RBA que confirma su vigencia como texto fundacional del feminismo literario.
A medio camino entre la memoria y la ficción, esta reedición trae de nuevo a la actualidad del panorama literario las historias volcadas en 1975 por la autora. Relatos y mitos tradicionales chinos que le fueron transmitidos por su madre y que conforman una poderosa reflexión sobre el silencio impuesto a las mujeres, la búsqueda de la identidad y el derecho a narrar la propia historia desde la voz interior.
A través de sus 218 páginas, el libro entrelaza leyendas para explorar la opresión de género e indagar en la fuerza transformadora de la voz de las mujeres, como la de la figura de Fa Mulán y la experiencia de la diáspora de China, su país natal. Todo en un retrato íntimo y colectivo de lo que supone ser mujer, inmigrante y escritora en Estados Unidos.
“Me decía que sería una mujer y una esclava, pero al mismo tiempo me enseñaba la historia de Fa Mulán, la guerrera. Así que me tocaría ser guerrera”, recuerda la autora en el libro.
Para Kingston, el aniversario y la nueva edición en castellano de La guerrera no solo suponen una celebración, sino también una oportunidad para repensar su legado.
“Orquídea Lunar y la mujer ‘fantasma’ —personajes de la novela— no tenían en ellas ninguna resistencia. Y yo no estaba pensando en “resistencia” cuando escribí The Woman Warrior. Mis ideas sobre la resistencia llegaron mucho más tarde, cuando aprendí de Gandhi y Martin Luther King”.
A pesar de las palabras de la autora, lo cierto es que La guerrera pronto se convirtió en un referente de empoderamiento y lucha. Su narrativa contribuyó a romper silencios, a dar luz a experiencias invisibilizadas y a abrir un espacio de expresión para las mujeres de la diáspora china, consolidándose como todo un clásico.
“The Woman Warrior ha contribuido a crear el género de la Literatura Feminista. También el de la literatura asiático-estadounidense”.
Su activismo contra la guerra de Vietnam también influyó directamente en su escritura, dotándola de un lenguaje con el que abordar la resiliencia en los conflictos.
“Mis experiencias durante la guerra estadounidense en Vietnam me ayudaron a adquirir un vocabulario para escribir sobre la guerra y la paz. Y, por supuesto, historias”.
Sin embargo, Kingston es crítica con las etiquetas. “No creo que el feminismo y la construcción de la paz hayan ido nunca de la mano. Las feministas en Estados Unidos lucharon por tener los mismos derechos que los hombres en el ejército, incluso para ir al combate. Fa Mu Lan fue una general militar”.
De este modo, Kingston insiste en que, para los escritores y escritoras de hoy, el reto está en mantener un compromiso social sin sacrificar la literatura. “Por supuesto, los escritores de hoy tienen responsabilidad social. El truco es escribir historias, y no propaganda”.
La búsqueda de una voz propia —tema central del libro— sigue siendo el corazón de su mensaje. Porque para Kingston, encontrar su voz a través de la escritura fue como para Virginia Woolf tener “una habitación propia”: un espacio íntimo donde desatar la libertad creativa y desafiar el silencio impuesto.
Y desde allí invita a aquellas personas que se sientan silenciadas a acercarse al arte como herramienta de expresión y resistencia.
“Creo que es bueno que todos practiquen un arte. De esa manera, te comunicas con el mundo. […] Saber que todos tienen una historia de vida que vale la pena contar”.
Si pudiera compartir unas palabras con su ‘yo’ de la infancia, y por extensión con todas las mujeres que cargan con el peso de la exigencia y el silencio, sería “deja de preocuparte. Todo saldrá bien”.
Así, con una prosa lírica y audaz, La guerrera puso en cuestión los silencios impuestos a las mujeres y reivindicó las historias transmitidas entre generaciones. Ese es, probablemente, su mayor legado: mostrar que narrar las propias experiencias puede convertirse en un acto de subversión.
“Siempre tenemos dudas de si el arte realmente cambia a la sociedad. Trato de mantener la fe de Confucio de que quien hace la música, hace el mundo. Aunque claro, eso es música, no literatura”.
Hoy, en tiempos de diásporas múltiples y luchas por la visibilidad, la voz de Maxine Hong Kingston sigue siendo tan necesaria como cuando escribió por primera vez su obra cumbre. Una voz que invita a recordar que el silencio, aunque impuesto, siempre puede romperse con palabras.
Fuente: https://efeminista.com/guerrera-50-anos-kingston/
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