Publicado: 6 septiembre 2025 a las 2:00 am
Categorías: Libros
[responsivevoice_button buttontext="Escuchar la noticia" voice="Spanish
Latin American Female"]
Por Almudena Orellana

Satori Ediciones reedita El futón, una obra clásica e icónica del escritor Tayama Katai —traducida en esta edición por Rumi Sato y prologada por Carlos Rubio—que comienza con una relación intelectual entre un maestro y su alumna, que pronto se transforma en una obsesión capaz de evidenciar las dinámicas más oscuras del patriarcado: el paternalismo, el deseo posesivo y una masculinidad que no acepta la libertad de las mujeres.
Así, más de un siglo después, la obra vuelve para demostrar, a lo largo de sus 172 páginas, que la obra de Katai sigue siendo un excelente ejemplo de cómo el patriarcado se enraiza y permanece, afectando a la vida de las mujeres, al igual que otros clásicos universales y precursores del XVIII y el XIX, como Las penas del joven Werther, de Goethe, o Casa de muñecas, de Ibsen.
Y es que, cuando Tayama Katai publicó este libro en 1907, Japón vivía una transformación acelerada con la llamada “era Meiji”, con la que se modernizó la industria, la política y la educación, pero con estructuras sociales que seguían atrapadas en jerarquías aún muy rígidas.
Por ello la novela desató un gran escándalo, especialmente al exhibir sin filtros los pensamientos más íntimos y contradictorios de un hombre aparentemente normal, atrapado entre el aburrimiento de la cotidianidad doméstica, el deseo hacia las mujeres más jóvenes y el miedo a una autonomía femenina cada vez más acuciante.
Tokio, el protagonista de la novela, es un escritor reconocido que se encuentra atrapado en un matrimonio sin ilusión y una rutina que lo asfixia. Sin embargo, su vida cambia cuando Yoshiko, una joven de provincia que admira su obra, le pide convertirse en su alumna.
Tras esto, y al estilo del Werther goethiano con su amada Carlota, Tokio se consume en un deseo cada vez más inalcanzable y fundado en la malinterpretación continua de los gestos y palabras de la inexperta Yoshiko. Un deseo que va envenenando cada vez más su mente y sus intenciones con la joven, hasta el punto de estar dispuesto a arruinar su relación con su novio y a ponerla en evidencia incluso ante su padre.
Así, y aunque el final no es tan extremo como el del joven Werther, el desmoronamiento emocional de Tokio deja un poso casi igual de amargo en el lector, mostrando la incapacidad de un hombre culto y formado de adaptarse a una sociedad en la que las mujeres van dejando de ser sumisas y ya deciden por sí mismas.
En palabras de Tokio, “era cuestión de tiempo que la pureza de ella se mancillara, si es que era verdad que ella aún la mantenía incólume. Esos pensamientos se le hacían insoportables a Tokio. «¡Esto atañe a mis responsabilidades de tutor de la joven!», exclamó para sus adentros. «No puedo pasar por alto esta situación. No puedo permitir tanta libertad a una muchacha aún por madurar. Tengo que vigilarla, protegerla (…)»”
Pero si El futón es la confesión de un hombre en crisis, también es el retrato de una mujer que empieza a buscar su propio lugar. Por eso Yoshiko encarna la figura de la ‘atarashii onna’ —la “nueva mujer”— que surge en el Japón moderno y que estudia, escribe, sale con amigos o explora su independencia.
Como Nora Helmer en Casa de muñecas, del escritor noruego Henrik Ibsen, Yoshiko se enfrenta a una estructura patriarcal que la juzga y la intenta domesticar negándole un futuro distinto y al margen del patriarcado imperante, ante lo que ella lucha y procura rebelarse.
Es ese despertar de Yoshiko, precisamente, el que va violentando a un maestro cada vez más obsesionado con ella, anclado en los estereotipos misóginos de la época, y con ganas de venganza al no ser correspondido:
“Tokio ya no tenía ninguna necesidad de respetar la virginidad de la muchacha. En realidad, por su parte, como ya no existía nada que le causara remordimientos de conciencia, podría asediar a su discípula y satisfacer su apetito sexual. Al pensar así, la hermosa YoshiKo, a la que había adorado como si fuera una criatura celestial inalcanzable para él, le parecía ahora una especie de prostituta; y comenzó a despreciar no solamente su carne, sino también su porte refinado y la elegancia de sus gestos.”
Pero la verdadera grandeza de Katai está en no maquillar la incomodidad, y por ello presenta al personaje de Tokio con total claridad, oscilando continuamente entre la idealización y el desprecio hacia Yoshiko. Y así hasta que siente que ha perdido el control sobre ella y sus sentimientos amorosos se transforman en odio.
Los celos del protagonista masculino, al igual que el paternalismo que evidencia en la figura de Yoshiko y su miedo a la libertad femenina, claves fundamentales del personaje, son el reflejo de un patriarcado que se tambalea ante el cambio.
“La idea del íntimo amor de la pareja ardía en el pecho de Tokio y bebía para desahogarse. Más de una vez lo pagó con su inocente esposa durante la cena. En una ocasión, dio una patada a la mesa mientras gritaba que no le gustaban los platos que le había servido. Otras veces, llegaba borracho a casa pasada la medianoche”.
Por ello, lejos de un relato romántico, El futón es un drama descarnado y casi de terror desde el punto de vista femenino, pues la joven estudiante Yoshiko, o incluso su mujer, sufren sin saberlo las consecuencias de un ego masculino herido que las culpabiliza y que no sabe cómo habitar un mundo en el que las mujeres comienzan a elegir por sí mismas.
“Estos comportamientos violentos y trastornados de Tokio provocaban en Yoshiko tanto dolor que se decidió a pedir disculpas a su esposa: «He sido yo quien le ha causado tantas preocupaciones al maestro. Es culpa mía»”.
Y es que Tokio, con sus violencias y contradicciones, es un retrato crudo de la masculinidad tóxica: un hombre que confunde amor con posesión y que reacciona con celos, desprecio y rabia cuando la mujer objeto de su deseo se atreve a tomar sus propias decisiones.
En un mundo donde el acoso, las desigualdades y las heridas que deja la masculinidad tóxica siguen presentes, el clásico literario de El futón, rescatada por Satori, ofrece una lectura crítica que ayuda a comprender la raíz histórica y cultural del problema.
Y es que El futón, en tiempos en los que se siguen cuestionando las desigualdades de género y las dinámicas de poder, resuena con fuerza y obliga a preguntarse hasta qué punto ha cambiado la sociedad, o cuánto de Tokio y de su mundo sigue habitando en el actual.
Por eso, el retrato que hace Tayama Katai del patriarcado —con sus violencias físicas, emocionales y simbólicas— mantiene la historia tan vigente más de un siglo después. Porque, aunque el Japón de la era Meiji quede lejos, las mujeres siguen viendo muchas veces cómo se cuestiona su libertad y cómo sus cuerpos se convierten, sin motivo alguno, en el campo de batalla de las inseguridades masculinas más perversas.
Fuente: https://efeminista.com/futon-clasico-japones-masculinidad-toxica/
Deja un comentario