Publicado: 2 septiembre 2025 a las 6:00 am
Categorías: Arte y cultura
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Por Carmen Sigüenza

Mujeres bocabajo, flotando, con sangre entre las piernas, durmiendo con la boca abierta, soñando, mirando su pelo volado por el viento…Estas jóvenes son algunas de las protagonistas del universo onírico de Anna Weyant, la artista de 30 años afincada en Nueva York cuyas obras están influenciadas por el arte del Siglo de Oro holandés y la cultura pop y de redes.
Weyant es una de las artistas más cotizadas por el mercado del arte, donde se paga más de un millón de dólares por sus cuadros, y ahora su obra se puede ver en una exposición en el Museo Thyssen hasta el 12 de octubre.
La artista canadiense ha pasado de vender obras a un precio mínimo, antes de la pandemia, a que su obra sea una de las más cotizadas por el mercado del arte. Su trabajo, que también esconde algo de humor negro y surrealismo, se dio a conocer en 2019 en una exposición en la galería Tina Kim de Nueva York.
Desde sus inicios se ha interpretado su obra como una “figuración casi surrealista, enfocada en la psicología femenina”.
La muestra del Thyssen es la primera exposición monográfica en un museo e incluye un total de 26 lienzos y algunas obras sobre papel, seleccionadas entre su producción más reciente.
Las obras de Weyant reflejan referencias artísticas que abarcan desde el Barroco -como sus bodegones- hasta el arte de la primera mitad del siglo XX, unos periodos que están muy bien representados en el Museo Thyssen. Por ello esta instalación muestra estos vínculos con algunos diálogos con pinturas de la pinacoteca.
Un diálogo visual con cinco cuadros de la colección permanente seleccionados por la propia artista, como Mattia Preti, Magritte o Balthus, entre otros.
Conocida por sus pinturas protagonizadas por mujeres jóvenes, Weyant representa un mundo suspendido entre lo onírico y lo cotidiano, con un estilo figurativo moldeado por la tradición artística.
Su iconografía retoma los géneros y las convenciones de la historia del arte desde una mirada contemporánea y remite tanto a la cultura popular estadounidense como a movimientos de la modernidad de entreguerras, como el surrealismo. Weyant mira al pasado pero también reflexiona sobre el presente, fusionando su técnica pictórica con un humor negro y una perspectiva feminista muy actual.
Durante los últimos ocho años la artista se ha interesado por las complejidades de la adolescencia femenina. Sus personajes parecen vivir esta etapa entre la infancia y la edad adulta en un cuento de hadas o en una casa de muñecas, impregnados por una sensación de expectativa que continúa en un conjunto de naturalezas muertas, donde los objetos se muestran al borde del colapso: globos a medio inflar, lazos deshechos o flores casi marchitas, explica la pinacoteca.
Algunos de los lienzos de la colección Thyssen Bornemisza que acompañan las obras de Anna Weyant conectan con este tema de la temporalidad, como la escena de género barroca El concierto (hacia 16301635), de Mattia Preti, o el Retrato de una joven de perfil con una máscara en la mano derecha (hacia 1720-1730), de Piazzetta.
La incorporación de elementos siniestros que acechan los mundos de sus heroínas, por su parte, se percibe en el Retrato del Dr. Haustein (1928), de Christian Schad, en el que una figura espectral se cierne sobre el protagonista, o en la ilusión creada por Magritte, en La llave de los campos (La Clef des champs) (1936). También se incluye en la exposición La partida de naipes (1948-1950), de Balthus.
Fuente: https://efeminista.com/anne-weyant-artista-mujeres-arte/
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