Si tienes hijos, eres educador o simplemente has ido a la escuela, probablemente hayas desarrollado una opinión sobre la IA generativa en las aulas. Es posible que temas la desaparición de la redacción de cinco párrafos, la facilidad cada vez mayor para hacer trampas o, peor aún, el fin del pensamiento crítico.
No te preocupes: la ansiedad que rodea a los grandes modelos de lenguaje en las escuelas tiene precedentes. En 1975, los profesores temían que las calculadoras de mano mermaran la capacidad de los alumnos para “manejar habilidades básicas como la lectura, la escritura y la aritmética”, según un informe de The New York Times. Otros, sin embargo, creían que las calculadoras podrían “liberar a los alumnos para concentrarse en principios básicos”. ¿Te suena familiar?
Encontrarás más historias de ansiedad similares en ‘The Pessimists Archive’ (El archivo de los pesimistas), un sitio web que relata los pánicos morales asociados a una serie de maravillas tecnológicas que se remontan a la década de 1850. A principios del siglo pasado, la preocupación giraba en torno a los libros. “Los niños leen demasiado”, “La lectura de novelas provoca el suicidio” y “Demasiados libros en nuestras escuelas” eran algunos de los titulares.
La naturaleza cíclica de estas reacciones alarmistas “revela el tipo de sesgos cognitivos y psicológicos” que subyacen en el miedo al cambio, explica Louis Anslow, director del archivo. El rechazo a las nuevas tecnologías a menudo no se basa en ninguna prueba condenatoria en particular, sino que simplemente se nutre de la angustia de los padres ante la incertidumbre del mundo que han heredado sus hijos.
Estas reacciones exageradas también pueden darle demasiado crédito a la tecnología y demasiado poco a los sistemas educativos. La idea de que una sola herramienta tiene el poder de “revolucionar” los sistemas educativos se basa en la premisa de que estos sistemas son frágiles y susceptibles de revisión. En realidad, según Anslow, las instituciones educativas son “bastante impermeables al cambio”, y la nueva tecnología acaba “adherida al viejo sistema”.
Safinah Ali, profesora adjunta del Departamento de Liderazgo y Tecnología de la Administración de NYU Steinhardt, cree que esta tendencia a sobrevalorar el impacto de las nuevas tecnologías ignora la naturaleza multidimensional del aprendizaje. “Creo que las cosas cambian, pero creo que, en general, el aprendizaje como acto no cambia”, observa Ali. “Aprender es algo más que recuperar una información y unos conocimientos. Tienes tus círculos sociales, tienes amigos, tienes esta interacción profesor-alumno. Todo eso permanece”.
Al igual que ocurrió con la introducción del corrector ortográfico o de internet, los profesores tienen que estar a la altura del momento y adaptar sus métodos para aprovechar las ventajas de la IA generativa. Ali espera que, en el futuro, los profesores dejen de limitarse a pedir a los alumnos que memoricen y reproduzcan conocimientos y, en su lugar, evalúen a los estudiantes basándose en la creatividad, el pensamiento crítico e incluso la empatía. Los estudiantes también podrían ser evaluados en función de lo bien que puedan utilizar la IA generativa y de si pueden hacerlo sin comprometer su capacidad de pensamiento original.
Cuando se trata de herramientas como ChatGPT, padres y educadores suelen ser más escépticos y menos conocedores de la tecnología, y por tanto más lentos a la hora de adoptarlas y comprenderlas, lo que puede hacer que los niños sean más propensos a hacer un mal uso de ellas. Prohíbe la herramienta y los alumnos la utilizarán para hacer trampa; enséñales sus valiosos usos y puede que no lo hagan.





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