El negocio de la educación

Publicado: 25 junio 2025 a las 8:00 pm

Categorías: Artículos

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Por Guillermo Zaracho

Desde una visión clásica, el fin de la educación ha sido desde sus comienzos elevar el alma humana convirtiendo a este en un ser virtuoso, moral, intelectual y físico. El padre de la didáctica, John Amos Comenius creía en esta visión de la educación. Una que cuestionaba el sistema medieval memorístico y su exclusividad para ciertas esferas sociales. Daba un énfasis en el aprendizaje activo, educación abierta a todos y una que tenga como fin al ser humano, buscando su elevación al nivel más alto posible. Esta postura, junto a su fe protestante, no fue tomada a la ligera y causo muchos problemas, teniendo que migrar constantemente a distintos países por la intensa persecución religiosa, lo cual también lo permitió observar distintos sistemas educativos para fortalecer sus respectivas teorías. 

Otros grandes pensadores, como John Locke, Emanuel Kant y Santo Tomás de Aquino creían firmemente que la educación sin moral y virtud era intrascendente. De hecho, fue Kant quien instituyó la sistematización de la educación como un objeto de reflexión filosófica, explicando que esta es un arte que debe ser estudiado para una mejor comprensión del ser humano y sus procesos de aprendizaje, destacando que esta debía formar la autonomía de la moral del individuo.

Para Tomás de Aquino el aprendizaje parte de los sentidos y se eleva hacia lo inteligible por medio de la razón. John Locke consideraba que las experiencias eran el mejor maestro y daban forma la tabula rasaSin embargo, todo fue cambiando con la masificación de la educación.  

Uno puede trazar esta masificación a la revolución industrial, en donde el objetivo de la educación dejó de ser la elevación del ser humano hacia lo divino y comenzó a enfocarse en mecanizar habilidades para poseer mano de obra calificada para las industrias. Los padres e hijos trabajan incontables horas para llevar a cabo el desarrollo de las industrias, y dentro de esas horas se ofrecía un entrenamiento a los hijos de la clase obrera en algunos países. Esto llevó a ese proceso progresivo de una educación masificada, lejos de la visión clásica. 

Paulo Freire luego criticó este sistema de educación, al cual llamó la “bancarización de la educación” en donde el estudiante es un recipiente vació en donde el educador deposita un conocimiento ajeno a la realidad tangible del estudiante, lo cual no produce ningún desarrollo del pensamiento, la moral, la virtud y lo físico. Aunque sus ideas lograron cierto cambio y concientización en ciertos sectores académicos y sociales, el sistema educativo formal en Latinoamérica ha mantenido las prácticas bancarias, enciclopedistas y verticalistas. 

La visión educativa de la época industrial se arraigó aún más al sistema educativo luego de que la teoría conductista de Skinner, quien efectivamente estudió el sistema de estímulos positivos y negativos desde una perspectiva educativa, demostrara que el condicionamiento mecaniza ciertos aprendizajes. Esta teoría se hizo bastante fuerte por su adaptabilidad en contextos masivos de enseñanza, lo cual permitía el control de comportamiento mediante condiciones. A pesar de que otros académicos como Piaget, Vygotsky, Dewey -entre tantos-, criticaron esta teoría educativa, el conductismo de Skinner se ha arraigado en los sistemas educativos del mundo occidental. 

Este fenómeno educativo no es ajeno a mi país, Paraguay, donde Ramon Indalecio Cardozo -padre de la escuela activa paraguaya- desarrolló un sistema educativo centrado en el estudiante, el cuál desafío la educación militar y enciclopedista. Influenciado por John Dewey y otros pedagogos, impulsó una transformación profunda en su rol como director general de escuelas (1922-1936), en donde centraba la educación en las experiencias del estudiante y trabaja con un enfoque comunitario contextualizado al entorno. 

Es de conocimiento popular que este sistema dió origen a los más grandes intelectuales paraguayos del siglo anterior. Desafortunadamente, el proyecto fue saboteado debido a la guerra del Chaco contra Bolivia, lo que causó que el interés se revirtiera hacia la educación militar. El régimen autoritario de ese entonces, impulsado por razones políticas y bélicas, cerró sus escuelas y desprestigió su modelo educativo. 

Es así como podemos observar que la visión clásica de la educación ha sido reconocida por los académicos del siglo pasado y actual, y en diferentes contextos. No obstante, el sistema “bancario”, “conductista”, “enciclopedista”, es bastante conveniente para el poder político, control social y todos aquellos que desean beneficiarse del capital humano. 

Aquellos quienes están en el poder prefieren masificar la educación antes que invertir en escuelas diseñadas para una visión clásica.

¿El motivo? Quizás para mantener al pueblo en la ignorancia mientras ellos se sirven del poder, o quizás para responder a un sistema económico que ha convertido al ser humano en un medio de lucro, donde el fin es el rédito financiero para unos pocos. Personalmente, me inclino a lo segundo. 

Hoy en día la educación no está enfocada al ser humano, sino es el mercado laboral quien determina aquello que es importante aprender. De esta manera hemos abandonado la virtud, la razón, la moral y las destrezas físicas. Hemos abrazado una educación abaratada a tal punto que las instituciones educativas hoy en día parecen una cadena de comida rápida. 

Actualmente, la educación es esclava de los negocios, la economía de datos, las tecnologías con pretensiones mesiánicas y tantos otros intereses. Las instituciones se han convertido en un mercado en donde el fin es la capitalización del aprendizaje y no el desarrollo integral del individuo. Se escudan dentro el progreso económico para justificar la deshumanización del aprendizaje. 

No obstante, ya sabemos, gracias al Premio Nobel Amartya Sen y su teoría de enfoques de capacidades, que el verdadero desarrollo de una nación no se encuentra en el PIB, sino en las posibilidades reales y efectivas que un individuo posee gracias al estado social en que se encuentra.  Es decir, el desarrollo debe medirse en las oportunidades de crecimiento humano, no en la acumulación de bienes. 

A pesar de que las evidencias en favor a la educación clásica están presentes, socializadas y admitidas, nos encontramos ante un sistema que opta por lo fácil, conveniente y rentable. La educación debe dejar de ser otro engranaje más de producción y debe convertirse en el garante del desarrollo humano integral como lo fue en algún momento. Alejémonos de la capitalización de la educación a costa del ser humano, y adoptemos a la educación como un canal de revitalización y elevación del individuo dentro de su comunidad. 

 


Referencias:

Aristóteles. (2004). Ética a Nicómaco (J. A. González, Trad.). Alianza Editorial. 

Cardozo, R. I. (1933). La escuela activa paraguaya. Talleres Gráficos Nacionales. 

Comenius, J. A. (1996). Didáctica MagnaEdiciones Akal. 

Cunningham, H. (2000). Children and childhood in Western society since 1500Routledge. 

Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI Editores. 

Kant, I. (2006). Sobre la pedagogía (Obra original publicada en 1803). Ediciones Tecnos. 

Locke, J. (1996). Algunos pensamientos sobre la educación (Obra original publicada en 1693). Ediciones Akal. 

Locke, J. (2004). Ensayo sobre el entendimiento humano (Obra original publicada en 1690). Fondo de Cultura Económica. 

Marrou, H. I. (2001). Historia de la educación en la Antigüedad. Ediciones Cristiandad. 

Mena, R. (2014). Historia de la educación paraguaya. Ediciones Arandurã. 

Pérez, L. (2007). Historia de las ideas pedagógicas. Ediciones Morata. 

Rury, J. L. (2005). Education and social change: Contours in the history of American schooling. Routledge. 

Sen, A. (1999). Development as freedom. Oxford University Press. 

Skinner, B. F. (1954). The science of learning and the art of teaching. Harvard Educational Review, 24(2), 86–97. 

Tomás de Aquino. (2005). Suma Teológica (extractos sobre educación y virtud). Editorial BAC. 

 

Fuente: https://revistaforja.org/el-negocio-de-la-educacion/