El trabajo del futuro exige decisiones hoy: educación, IA y equidad

Publicado: 12 junio 2025 a las 12:00 am

Categorías: Artículos

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Por Lucia Castelló

Así como el uso prematuro e indiscriminado de tecnología puede perjudicar el desarrollo del pensamiento, su ausencia en los tramos finales de escolaridad puede convertirse en una forma de exclusión laboral.

Inteligencia Artificial

El debate sobre el uso de tecnología en las aulas está más vigente que nunca. ¿Deberíamos permitir el uso de IA en las escuelas? ¿Eliminar los celulares -esa distracción constante- del ámbito educativo?

Primero hay que recordar que la educación secundaria debería prepararnos para el mercado laboral o la vida universitaria.

Desde un enfoque pedagógico, los estudios son claros: cuanto más se retrase el vínculo con pantallas e inteligencia artificial, mejor para el desarrollo cognitivo. La Organización Mundial de la Salud recomienda limitar la exposición hasta los 6 años (OMS, 2023). Cuidar el cerebro en formación no es un capricho: es una urgencia neurocientífica.

Ahora bien, introducir un facilitador de información como la IA sin juicio crítico en la escolarización primaria resulta riesgoso para el desarrollo del pensamiento autónomo. Nuestros niños podrían terminar repitiendo lo que dice la IA sin comprenderlo, o peor aún, dejarse reemplazar por ella sin haber desarrollado identidad ni pensamiento crítico propio.

Seamos sinceros: pensar es más trabajo que repetir. Nos exige tiempo y esfuerzo. Y nuestro cerebro, diseñado para conservar energía, tiende a elegir el camino más cómodo. Repetir es más fácil que construir.
Pero si no protegemos la capacidad de pensar, corremos el riesgo de atrofiarla.

Sin embargo, ignorar los efectos de la exclusión digital sería igual de irresponsable. Las investigaciones recientes alertan sobre el riesgo del analfabetismo digital y los despidos masivos vinculados a la automatización de tareas. Esos titulares ya no son del futuro: son de hoy.

Durante mucho tiempo se asumió que tener un celular implicaba saber usarlo. Nada más lejos de la realidad. Hoy casi todos portamos un dispositivo inteligente, pero muy pocos saben cómo convertirlo en una herramienta de producción: ¿cómo lo usamos para trabajar, crear, organizar, comunicar con criterio?

En un ecosistema como el de las redes sociales -donde abunda la desinformación-, la pregunta se vuelve urgente:
¿cómo educamos en juicio crítico? ¿Cómo enseñamos a discernir lo verdadero de lo manipulable?

¿Y la inserción laboral?

Así como el uso prematuro e indiscriminado de tecnología puede perjudicar el desarrollo del pensamiento, su ausencia en los tramos finales de escolaridad puede convertirse en una forma de exclusión laboral. La IA no debería ser un tabú educativo, sino una materia de estudio, experimentación y reflexión crítica. Pero no basta con introducirla: debe estar guiada por docentes formados, capaces de acompañar procesos con responsabilidad ética.

Desde Recursos Humanos, no solo acompañamos la formación técnica, sino también los procesos identitarios que permiten que cada persona se reconozca como sujeto productivo, creativo y único.

Desde mi experiencia como reclutadora, incluso los puestos más básicos exigen hoy manejo de tecnología. Y acompañando empresas puedo ver de cerca una competencia cada vez más desigual entre una organización que automatiza procesos y una que no.

Las diferencias son evidentes: la calidad de vida en el trabajo de sus operarios, el clima laboral, el nivel de accidentes, e incluso la eficiencia productiva son mucho mejores en aquellas que se atreven a innovar.

Entonces, ¿cómo competís en un mercado sin IA?
Limitas tu público a uno cada vez más reducido, menos competitivo, más vulnerable. Las nuevas generaciones tienen necesidades marcadas por la inmediatez -en parte, como resultado del propio avance tecnológico-. Y como sociedad, cosechamos lo que sembramos.

Ya no se trata de elegir entre competir o no.
La verdadera elección es: ¿nos capacitamos o nos quedamos fuera?

Un poco de esperanza

La investigación de Corvalán (2019) concluye que en los países con mayor desarrollo tecnológico no disminuyó la tasa de empleo. Por el contrario, creció. La IA no suprime puestos por naturaleza, pero sí puede aumentar la brecha digital. Y ahí está nuestro verdadero desafío: evitar que esa brecha se convierta en exclusión estructural.

Tenemos que salir a formarnos.
¿En qué?
En aquello que nos hace humanos. En eso que te hace único. Tomá tu singularidad y convertila en valor para la sociedad en la que vivís. Solo conociendo nuestro valor, podemos hacer que la IA y las herramientas digitales nos potencien en lugar de reemplazarnos.
Porque el único límite real es nuestra imaginación.

¿Qué podemos hacer?

  • Implementar laboratorios de IA en las escuelas secundarias.
  • Formar docentes capaces de enseñar IA con pensamiento crítico y ético.
  • Impulsar programas de orientación vocacional que ayuden a cada joven a descubrir quién es y qué desea aportar.
  • Fomentar una educación con empatía, que entienda al humano como sujeto en construcción.
  • Desarrollar mejores liderazgos que acompañen procesos de cambio con responsabilidad.
  • Y sí: postergar el contacto con pantallas e IA en niños pequeños. Dejemos que sus cerebros crezcan libres, plenos, listos para crear en lugar de imitar.

La transformación es posible.
Pero necesitamos políticas, liderazgo y decisión.

 

Fuente: https://eleconomista.com.ar/negocios/el-trabajo-futuro-exige-decisiones-hoy-educacion-ia-equidad-n85651#google_vignette