Publicado: 8 junio 2025 a las 10:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Emma Riverola

Estudiantes preparándose para la selectividad, esta semana en Barcelona. / Manu Mitru
La educación es un poder cargado de peligro. Lo saben bien los dictadores y sus aprendices, los que se aferran a sus privilegios, también los que aspiran a controlar la población. La historia está trufada de movimientos populares a favor de una educación igualitaria y de calidad. Desde las protestas de estudiantes negros en Sudáfrica en 1976, que acabaron con la masacre de cientos de ellos, hasta las manifestaciones sufragistas a favor de la educación de las niñas o la llamada ‘Revolución de los Pingüinos’ en Chile que, en 2006, luchó por el derecho a la educación y el fin de la privatización impuesta en los años de la dictadura.
Si viajamos a la Barcelona de principios del siglo XX, nos encontramos con una ciudad trufada de pequeñas escuelas masonas, anarquistas, socialistas, espiritistas y más ‘istas’ nacidas para ofrecer a los hijos de los obreros una educación al margen del catolicismo: más centrado en la sumisión que en la liberación. Francesc Layret y el cardenal Casañas, además de formar parte del actual nomenclátor de Barcelona, cobraron especial relevancia en 1908. El primero, como concejal del ayuntamiento, impulsó y defendió el ‘Pressupost Extraordinari de Cultura’: la propuesta pretendía dedicar parte del superávit de la ‘Reforma’ (la apertura de la Via Laietana) a crear cuatro escuelas laicas. El cardenal se opuso utilizando la artillería argumental que venía de Francia: las escuelas sin Dios fomentaban la delincuencia y el suicidio de los niños, además de la prostitución de las niñas. Poca broma. El presupuesto no salió adelante y la represión que siguió a la Setmana Tràgica (1909) supuso el cierre definitivo de numerosas escuelas alternativas.
La educación es un instrumento del control político y el espacio donde se dirime la igualdad entre los ciudadanos. El envite de la administración Trump contra Harvard (y el resto de las universidades) no solo es un ataque a la libertad académica, también es un intento de torpedear cualquier oposición ideológica, presente o futura. Resulta reveladora la frase de Nixon que el actual vicepresidente J.D. Vance desempolvó en un discurso en 2021: “Los profesores son el enemigo”. Y que muera la inteligencia.
Durante estos días, 300.000 estudiantes realizan las pruebas de acceso a la universidad. Los reportajes de nervios y aspiraciones se alternan con el análisis de las dificultades que atraviesa la universidad pública en España. Su infrafinanciación es un mal compartido, pero el escenario no es igual para todos. Mientras que el sistema universitario catalán se ha blindado a la especulación y rehúye abrir nuevas universidades privadas (de las actuales, dos son semipúblicas y tres son fundaciones sin ánimo de lucro), en la Comunidad de Madrid va ganando terreno el sector privado y se desangra la universidad pública. Con su agonía, peligra el acceso a una enseñanza superior gratuita. Al fin, gana la desigualdad y se pierden derechos y libertades. Eso sí, siempre quedarán los bares. Para tomar una caña o para servirla.
Fuente: https://www.elperiodico.com/es/opinion/20250608/educacion-asedio-eeuu-espana-selectividad-articulo-emma-riverola-118326937
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