La Educación sobre la Mesa. Hoy: Desconexión para aprender

Publicado: 4 mayo 2025 a las 2:00 am

Categorías: Artículos

[responsivevoice_button buttontext="Escuchar la noticia" voice="Spanish

Latin American Female"]

Por Dra. Laura Iglesias

La Educación sobre la Mesa. Hoy: Desconexión para aprender

 “Educar en la desconexión intermitente de la conexión digital permanente, requiere generar vacíos pedagógicos y reflexivos para ver realmente a quién tengo al frente. Desconectar para conectar. Conectarnos de manera amigable y sostenible con el planeta y con nosotros mismos. Disipar la ansiedad, e invitar a la lentitud como recurso para recuperar la atención y la concentración en el aula.”

Si existe algo sostenible en la actualidad es el cambio. Contante, instantáneo, consabido y cotidiano, se ha vuelto parte de nuestras vidas en múltiples ámbitos. Y en educación, claro está, los cambios no pasan desapercibidos. Etiquetados bajo la expresión “nuevos desafíos”, nuestras prácticas docentes, pedagógicas y vinculares se ven atravesadas como condición sine qua non de las aulas. Hoy hacemos un recreo ante la conexión digital, que cual continuo sin pausa, transita entre niños, adolescentes, y adultos.

Conexión de todos, desconexión entre todos

Las plataformas digitales, tanto de entretenimientos como de redes sociales, por medio de los algoritmos, protocolos y configuraciones modelan de un modo profundo nuestras experiencias culturales. Así, de manera espontánea, naturalizamos, en nuestro rol de usuarios, las prácticas inconscientes de vincularnos y desenvolvernos como ciudadanos virtuales.

Cada “me gusta”, cada corazoncito, cada minuto frente a las pantallas es información sobre nuestros gustos y preferencias. Que las plataformas procesan para brindarnos más información, imágenes, sonidos, acordes a nuestro “perfil” y favorecer, de ese modo, mayor tiempo de conectividad en las redes. Un culto a la carencia de la valoración por el respeto a la intimidad y a los tiempos propios. La conexión excesiva a las redes sociales produce una desconexión profunda entre las personas, sus miradas, sus emociones, sus palabras, su corporeidad creando una tentativa de encuentro virtual mediatizado. Una realidad que nos encuentra juntos pero aislados al mismo tiempo inmersos scroleando en las pantallas. Distantes de lo común, mediato y auténtico que hace a nuestras vidas in situ.

Desconexión que nos conecta para aprender

Contamos con una generación que ve a estos medios como algo “dado y natural”. Por ello resulta fundamental desnaturalizar sus usos y prácticas, ponerlas en cuestión para ser más responsables en el manejo que hacemos de las mismas. En este contexto, como comunidad educativa no pretendemos “demonizar” a las redes sino preguntarnos por la diferencia entre “el acceso y el exceso”. Y las potenciales implicancias en la formación de cada estudiante.

Las repercusiones positivas del uso de la tecnología en el aula se hacen presentes en acciones concretas: democratización mediante la accesibilidad a los recursos educativos, personalización del aprendizaje. Favorece la motivación, fomenta la colaboración y la participación, facilita el acceso a distintos dispositivos para evaluar y registrar progresos, entre otras. Sin embargo, la sobreexposición a la tecnología puede implicar consecuencias negativas.

El exceso de uso de pantallas puede afectar a la atención del alumnado, disminuir su capacidad de concentración y dificultar tareas ejecutivas como el procesamiento de la información. Además, contribuye al aumento del estrés y de la ansiedad, afectando negativamente al rendimiento académico y los modos vinculares entre pares y afines.

Diversos autores (como Alonso, 2017; Moncada Jiménez & Chacón Araya, 2012) han considerado que el uso de dispositivos tecnológicos puede ser un riesgo para los niños. De esta manera, afirman que cuando el uso es de manera excesiva en la infancia, se puede presentar el aislamiento. Además perjudica el desarrollo de habilidades sociales, fomenta el sedentarismo e incluso, expone a los niños y niñas a riesgos. Esto, debido a los diferentes contenidos violentos y/o inadecuados para su edad.

Existen otros riesgos inherentes al mal uso y/o uso excesivo de dispositivos digitales. En especial si son dispositivos con conexión a internet, entre los niños y adolescentes. Estos riesgos pueden implicar problemas en el desarrollo cognitivo, problemas de salud y desarrollo psicosocial o problemas de seguridad. Algunos de los principales son:

  • Impacto en el desarrollo cognitivo, disminuye la capacidad de mantener la atención de forma sostenida, del control inhibitorio y el autocontrol (creando incluso, en casos extremos, una especie de síndrome de abstinencia digital), falta de curiosidad, mayor dificultad en entablar relaciones sociales sanas, sensaciones de depresión e inestabilidad emocional, impedimentos para finalizar tareas o el desarrollo de capacidades creativas.
  • Problemas de sueño, mayor probabilidad de desarrollar miopía y desarrollo de hábitos inactividad física.

Es de importancia desmitificar la idea que sustenta el espejismo, que sugiere que estando conectados en casa estamos más seguros, cuando en realidad están expuestos a la persuasión de un tercero extraño que ponga en riesgo su seguridad, así como a situaciones de ciberacoso.

Un camino sencillo a pura conexión

Sostener prácticas pedagógicas que promueven la educación emocional como herramienta fundamental para conocernos, vincularnos, respetarnos y continuar favoreciendo el desarrollo integral de las y los estudiantes. Conectar desde el juego simbólico, desde temprana edad, con el otro, para conocerlo y respetarlo, para estimular la oralidad; conectarse con la naturaleza y el entorno sociocultural de la comunidad circundante, nos permitirá favorecer las condiciones que promueven un aprendizaje asertivo y empático.

Fuente: https://www.altagracianoticias.com/la-educacion-sobre-la-mesa-hoy-desconexion-para-aprender/